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Una discusión política –dice siempre uno de mis amigos– se vuelve inútil cuando se alcanzan cualquiera de estos dos puntos: cuando se debate sobre el significado de las palabras o cuando se llega a la Guerra Civil en busca de argumentos. Tenemos en los últimos días un magnífico ejemplo con la pelea inane del archivo de Salamanca. Dos posturas enfrentadas de horario infantil: Liberad a Willy contra el no nos moverán (del barco de Chanquete). Jamás un debate académico sobre Biblioteconomía y Documentación estuvo tan animado.
Son los datos mes a mes del contador que tengo instalado en la web: Escolar.net ha pasado de unas 15.000 visitas y 25.000 páginas vistas en enero a más de 75.000 visitas y cerca de 150.000 páginas vistas durante los últimos 31 días del año. La audiencia se ha multiplicado por cinco en doce meses. Los anuncios de Google ya generan algo más de 100 dólares mensuales (gracias a todos los que pincháis), lo que da para para pagar los costes del alojamiento de la página y el ADSL de casa.
Este artículo es lo que se llama en la prensa un autobombo. Prometo no publicar otro hasta el próximo 31 de diciembre. Feliz 2005.
Jaume Pla publica en Lamalla.net el resultado de un cuestionario común a 15 bloggers sobre lo mejor y peor del año: Firefox, la nineta dels ulls dels webloggers.
No hay nada peor que darme ideas. Para celebrar el fin de año, os invito a vosotros, los habituales de esta página, a que respondáis a este cuestionario. Animaos también los silenciosos.
El artículo del año en Escolar.net – La discusión del año – Tu troll preferido – Tu comentarista favorito – El comentario más brillante del año – Lo que más te gusta de Escolar.net – Lo que menos te gusta de Escolar.net – Tu blog preferido sin contar éste.
Gracias por vuestra paciencia.
Juan Varela
Pedro Aparicio, director y mentor, como él gusta de llamarse, del confidencial PR Noticias, se descolgó ayer con una de sus famosas interpretaciones de la mente de los señores de la prensa, como llama a los editores y dueños de los grandes medios. Su especulación sobre Jaime Castellanos, presidente de Recoletos, y su "subterránea campaña de filtraciones" sobre el gratuito Qué es simplemente falsa.
Aparicio copió ayer la información publicada por Periodistas 21, la mezcló con algunos datos sabidos y construyó una conspiración de ésas que tanto gustan a los confidenciales.
(...)
Así es el mundo de los confidenciales.
"O pasas por caja o te atizo". Estrategia comercial. A otros los anima una más noble inspiración ideológica.
Son el elixir de lo peor de los medios tradicionales publicado en la Red.
Nuevo escándalo en la sociedad sin valores gobernada por el integrismo laicista:
Este niño...

...es hijo de esta madre...

...pero no de su marido:

La familia, de nuevo en peligro
No me he resistido a colgar el chiste de elpiquetedigital. Felices fiestas.
20 Minutos, el mayor diario gratuito de España, convocará en breve el mayor concurso de bitácoras realizado hasta ahora en España.
Actualización 20:42
“En el mundo moderno, los grandes líderes solucionan los conflictos con palabras.
Palabras como: bombas de racimo, ataque scud, misil nuclear”.
Así arranca uno de los matamarcianos que más entretenido me tiene en estas últimas semanas, Command and Conquer Generals, tal vez el juego más belicista que vieron los tiempos. Un auténtico choque de civilizaciones sin ningún respeto por los civiles donde puedes elegir entre comandar los ejércitos de la China comunista, las hordas terroristas de un grupo que usa suicidas y ántrax o los marines estadounidenses. Me encanta el olor a napalm por las mañanas.
A ojos de Amnistía Internacional, estoy a punto de convertirme en un neocon.
Esta bienintencionada organización acaba de difundir, otro año más, su tradicional informe inquisitorial sobre la corrección política y el ocio digital. Se titula “Con la violencia hacia las mujeres no se juega” (PDF). Está plagado de errores. Como definir September 12th, una obra maestra del pacifismo que no me canso de recomendar, como un juego que “banaliza los crímenes de guerra, y los abusos de derechos humanos en general”. O asegurar que JFK Reloaded, “fomenta el asesinato”.
Más hilarante aún es cuando el informe analiza Neverland, una broma bizarra donde el jugador adopta el papel de Michael Jackson que, armado con una escopeta de redes, tiene que evitar que los niños se escapen de su mansión para poner una denuncia. Según Amnistía, que no pilla el chiste, Neverland supone “promocionar el abuso sexual contra menores”. Qué no habrían dicho con más motivo del Lolita de Nabokov en su momento.
Después de cuarenta folios, el informe concluye que “el Estado español está incumpliendo los compromisos alcanzados tras la ratificación de la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación de la Mujer hace ya 20 años”. Ignoro cuáles son dichos compromisos y a qué obligan a España. Pero me sorprende que Amnistía tenga tanta prisa por corregir a los videojuegos y no se queje del cine o de la literatura.
Nadie duda de que tienen que existir unos controles y un etiquetado riguroso para permitir a los padres decidir a qué juegan sus hijos. Pero hoy los videojuegos, como el cine, la tele o la literatura, no son sólo para niños. ¿Por qué se exige censura para los videojuegos? Cuando se llega a este punto de la discusión, me ha pasado hace unas horas, alguien argumenta que no es lo mismo, que en los videojuegos tú eres el protagonista y que en el cine o en la literatura sólo eres observador. Algo parecido decían los censores del cine, que también los hubo, cuando argumentaban que el celuloide debía estar más controlado que el papel porque era más explícito.
Amnistía Internacional, con informes así, se sitúa en el mismo saco de los que piden prohibir el porno, de los que pintaban calzones a los desnudos de la Capilla Sixtina o de los que hace bien poco quemaban libros. El problema es que esta gente no juega.
Si Pomada regala su obra es que no teme a la piratería. "En absoluto, la fomentamos", ríe Belda. "Somos músicos, no vendedores", señala Helena Casas.
"Nos gusta grabar, pero lo que viene después nos da pereza (...) Los gastos son prácticamente cero: el beneficio será enorme, aunque sólo nos salgan tres bolos". Acaso sean más de tres: en el 2001, cuando su primer disco (del que vendió 2.500 ejemplares), Pomada firmó 185.
¿Y dice usted que Felipe González y el Rey están conspirando para cambiar a José Luis Rodríguez Zapatero por Javier Solana porque Zapatero es demasiado rojo y va a romper España? Si esto no es una inocentada, es que algunos confunden deseo con realidad.
José Cervera
Siempre se ha dicho, con razón, que la información es poder, pero en tiempos de catástrofe los datos pueden ser la diferencia entre la vida y la muerte. La inimaginable mortandad causada por tsunamis en el Sudeste Asiático ha puesto en marcha un frenético y bien ensayado procedimiento de envío de ayudas oficiales desde los países ricos y no afectados. Pero por primera vez el esfuerzo informativo no está siendo liderado por los canales oficiales. Toda una serie de páginas web con formato de blog han surgido literalmente de la noche a la mañana para contar lo ocurrido de primera mano, para hacer comprender la dimensión de la tragedia y, sobre todo, para ayudar a paliar sus efectos. Testimonio, y ayuda: es el verdadero poder de la información en funcionamiento.
1983. Brian Eno, John Chowning y el Yamaha DX7
Programar un teclado DX7 era lo más parecido a una pesadilla, o a un cálculo balístico. Coja una onda simple en forma de seno, creada por una fórmula matemática mediante osciladores digitales. Luego otra de distinto rango que puede utilizar para añadir un nuevo matiz al sonido o para modificar alguno de los parámetros de la primera onda. Y después otra más, y otra, y otra, peinando cada pequeño detalle desde un mínimo teclado con una pantalla de dos líneas de LCD a través de una interfaz demoníaca, digna de un teléfono Motorola de los antiguos. Así, hasta llegar a seis ondas puras que se intercalan entre sí, actuando como un ente complejo que se modifica a sí mismo a cada paso que da. Es inevitable diseñar algo que suene. Pero pruebe a recrear un piano o una trompeta con este modelo abstracto de síntesis, digno de ser estudiado como ejemplo práctico de la teoría del caos. Les aseguro que es posible: Brian Eno lo hace. Cientos de miles de personas más lo han intentado. Muy pocos pueden presumir de haberlo conseguido.
El responsable de este complejo sistema de modelado del sonido, llamado síntesis FM, es John Chowning. En 1964 era un profesor de la Universidad de Stanford apasionado por la música. Como este centro no contaba con los entonces caros sintetizadores analógicos, Chowning comenzó a investigar con lo que tenía más a mano: uno de los superordenadores de la época. Años después sus experimentos desembocarían en una nueva forma de crear sonidos que, en la década de los setenta, vendería a Yamaha. Aunque Chowning nunca ha desvelado por cuánto traspasó su invento, lo que es seguro es que la compañía japonesa hizo con la compra un buen negocio.
El DX7 desembarcó en el mercado en 1983, con el ocaso de los antiguos reyes, sus majestades los sintetizadores analógicos. Ofrecía muchas ventajas frente al antiguo régimen. Para empezar, al ser digital, no se desafinaba nunca. Era polifónico –capaz de reproducir varias notas al mismo tiempo– y multitímbrico –podía recrear simultáneamente hasta 16 sonidos distintos, casi una orquesta completa–. Su principal padrino artístico fue Brian Eno, el músico con alma de matemático y padre del ambient, que presume de contar con varios de estos sintes entre su colección. Eno fue también el que descubrió el DX7 a U2: para algo era él su productor. Sus brillantes sonidos se pueden rastrear con facilidad en los primeros discos de los irlandeses.
El Yamaha DX7 se convirtió pronto en uno de los sintetizadores de más éxito de la historia de los instrumentos musicales. Su caso no es el cuento del patito feo, el de la Tr-909 o la Tb-303 de Roland, máquinas que se convirtieron en cotizadísimos cisnes años después de abandonar las cadenas de producción. El DX7 nació con estrella casi desde el primer día. Yamaha tuvo serios problemas para cubrir la fuerte demanda que originó la nueva maravilla.
Hasta que abandonó la fabrica, en 1987, se vendieron más de 160.000 unidades. Gran parte de ellas, gracias a su robusto diseño, siguen en funcionamiento. El DX7 es hoy relativamente sencillo de encontrar en subastas de Internet por precios que rondan los 300 euros. Pese a su condición de clásico, no se ha revalorizado con el tiempo. Al ser un teclado digital, resulta sencillo de emular mediante software.
Pero aunque los ordenadores han acabado con su cotización, también le han dado nueva vida. Gracias a programas como SoundDiver, sus propietarios pueden ahora editar sus sonidos con una facilidad pasmosa mediante el ratón. Aunque ahora no hay que pegarse de menú en menú con el DX7, el mérito de crear instrumentos únicos sigue siendo, como antes, del que se sienta ante los controles. Sus seis ondas combinadas entre sí no tienen nada de simple.
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Por favor, piratea mis ideas.
Qué capacidad tienen los redactores de The Guardian para resumir biografías. Leo en el mejor rotativo inglés, en un reportaje donde se le nombra de refilón, la definición más corta posible de Manuel Fraga: " (...) an octogenarian political godfather who was once a minister for Franco". Pues eso.
1983. Tadao Kikumoto y la Roland TR-909: la espina dorsal de la era del "dance"
José Luis de Vicente
El sampler es sin duda la invención que ha renovado por completo el lenguaje de la música popular contemporánea; pero los sonidos que más han penetrado en el inconsciente colectivo de toda una generación son producto de la caja de ritmos Roland TR-909. Cualquiera que haya visto alguna vez el amanecer desde una pista de baile conoce a la perfección el inconfundible sonido de sus bombos, platos y palmas, sin los que no habrían sido posibles estilos enteros como el ‘house’, el ‘techno’ o el ‘trance’. Desgraciadamente, también es la responsable de ese “chin pun” inmisericorde que caracteriza las producciones más insoportables.
El marcador electrónico del Congreso registró en una votación la abstención de Federico Trillo, a pesar de que el diputado no estaba presente. Su compañero y vecino de escaño Carlos Aragonés, admitió la posibilidad de un "accidente fortuito" en la votación.
Ahora que el Niño ha nacido en Belén, si en una encuesta preguntásemos «¿qué haría si usted hubiese nacido dios?», probablemente hasta el más malvado de los hombres suprimiría la muerte y la enfermedad, y el dolor, y la fealdad, y la injusticia, y la miseria, y la maldad... y todo lo que al ser humano pudiera hacerle infeliz. Si continuásemos preguntando: «¿Por qué cree usted, entonces, que hasta el más perverso de los hombres es infinitamente más bondadoso que dios?», seguramente nadie sabría contestar, excepto los que viven de la industria de mantener vivo a ese dios que tan regaladamente les da de comer. Si yo hubiese nacido dios ni siquiera perdería el tiempo en buscar vuestra felicidad, pues sólo hubiera dado vida a uno de vosotros: un psiquiatra que me curara este problema mental mío, esta anomalía del ego que me incita a crear seres humanos para que obligatoriamente me adoren durante toda una eternidad.

1971. Robert Moog, Raymond Scott, el Minimoog y el destino.
Hay personas que parecen destinadas para cumplir una misión en la vida desde la partida de nacimiento. Mayor Oreja tenía que ser, antes o después, jefe de los espías en el Ministerio de Interior, y Robert Moog –con un apellido que recuerda a un cálido gruñido, al crujir de una válvula– sólo podía honrar a su nombre dedicándose en cuerpo y alma a los sintetizadores. Hoy, todos los que nos dejaríamos cortar un dedo de la mano (siendo teclistas) por uno de sus hijos, le damos gracias al cielo por no dejar que Bob Moog errase su destino.
A mediados de los años cincuenta, Bob tuvo una revelación.
Tenía apenas 20 años y estudiaba física en la universidad de Columbia. Su hobby, construir con su padre –un ingeniero eléctrico de la Consolidated Edison– sintetizadores Theremin, que luego vendía entre otros estudiantes tan “nerds” como él. Y un día Raymond Scott telefoneó.
Raymond Scott era un pianista y compositor, autor, entre cientos de canciones, de las melodías que acompañaban a los dibujos animados de la Warner. Además, Scott trabajaba en diseños experimentales de nuevos instrumentos musicales. Su mayor obra, el Electronium, era una compleja máquina capaz de generar melodías y acompañamientos de forma aleatoria. Entusiasmado por los sintetizadores Theremin que construía el joven Moog, decidió invitarlo a su casa. Ese día, cara a cara con el electronium, el jovencito Bob tuvo claro a qué quería dedicar su vida.
Hasta 1962, Robert continuó fabricando y vendiendo sintetizadores Theremin en kits de “hazlo tu mismo” junto con el correspondiente manual de montaje –como en Ikea–, por 49.95 dólares. Con ellos amasó una pequeña fortuna con la que se decidió a dar el salto a la caza mayor. Durante unos meses barajó la idea de dedicarse a la fabricación de amplificadores de guitarra, un mercado prometedor en aquellos años. Pero al final –para desgracia de guitarristas y fortuna de teclistas– se decidió por continuar con los sintetizadores. En aquellos años, el instrumento más complejo que habitaba la Tierra era el prototipo Mk 2 desarrollado por RCA, un modelo experimental para uso exclusivo de académicos que había costado más de 100.000 dólares fabricar. Moog estaba convencido de que podía hacerlo mejor.
Su primer sintetizador modular, bautizado con su apellido, fue presentado al público en 1965. Era un enorme armario que conectaba los distintos circuitos que generaban y filtraban el sonido mediante cables que se podían intercambiar, como si se tratase de una centralita telefónica, para crear distintos instrumentos. En su corazón habitaba un filtro de paso bajo –un potenciómetro que corta las frecuencias más altas dejando pasar sólo los graves– que aún hoy sigue siendo el referente para todos los sintetizadores. El modular de Moog superaba en prestaciones al viejo RCA y, además, era sensiblemente más barato. Costaba 11.000 dólares.
Walter Carlos –después conocido, tras una operación de cambio de sexo, como Wendy– popularizó su sonido en 1969 con el disco “Switched-on Bach”, unas llamativas reinterpretaciones del compositor clásico pasadas por los filtros del Moog. Dos años después, Wendy/Walter crearía para Stanley Kubrick la banda sonora de la película “La Naranja Mecánica”, homenajeando esta vez a Beethoven.
Todos querían un Moog. The Beatles compraron uno, que usarían en algunas de las canciones del que sería su último disco. Mick Jagger también adquirió uno, aunque, lamentablemente, apenas lo utilizó. Acabó vendiéndolo al grupo alemán Tangerine Dream, que, a su vez, convencieron a sus compatriotas Kraftwerk para hacerse con otro. La influencia de este sintetizador en la historia de la música electrónica es enorme. Pero lo mejor aún estaba por llegar.
Aunque pocos, el modular de Moog tenía sus defectillos. Era demasiado grande y delicado como para ir de gira y, además, seguía siendo caro para la mayoría de los músicos. A finales de los sesenta, Robert comenzó a trabajar en una versión portátil de su sintetizador. Para el diseño exterior, encargó un estudio a un grupo de ingenieros industriales que le propusieron excéntricas carcasas de plástico de aspecto futurista. Antes de decidir, afortunadamente, Moog preguntó a varios músicos, que mayoritariamente eligieron otro diseño menos espacial, hecho en madera y con formas simples.
Y así, en 1971, nació el Minimoog. El sintetizador del pueblo: portátil, resistente, monofónico, cálido y con poco que envidiar a su padre modular. Se vendieron como rosquillas. La compañía, Moog Music, creció de forma espectacular durante los primeros años de esa década, pero Robert, que poco sabía de negocios, no supo manejar bien las cuentas. Nuevas compañías, como Arp o Roland, apretarían las tuercas ofreciendo sintetizadores de calidad comparable a precios inferiores. Robert contraatacó con una versión aún más pequeña y barata de su sintetizador, el Micromoog. Fue el último que diseño.
Agobiado por las deudas, perdió el control de la empresa a mediados de los años setenta. Sus últimos años en la compañía que había fundado los desperdició diseñando pedales de guitarra y otros productos menores mientras otros ingenieros se ocupaban de los nuevos teclados. En 1977 pegó el portazo y abandonó Moog Music echando pestes de la dirección.
La compañía no sobrevivió mucho tiempo más. Los años ochenta aparcaron el sonido analógico clásico adoptando los nuevos sintetizadores digitales. Durante la década siguiente las tornas cambiarían de nuevo, pero Moog Music ya no estaría ahí para explotar el filón.
Robert acabó por volver a sus orígenes. Ahora es un venerado sesentón que se dedica entre conferencia y entrevista a vender sus viejos sintetizadores Theremin, igual que hace 40 años. Cuatro décadas en las que su nombre cambiaría para siempre la música. Moog, a oídos de cualquier teclista que se precie, es la palabra más parecida a Dios.
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Por favor, piratea mis ideas.
José Cervera
Hay cuestiones que son un escándalo. Educados en los telefilmes estadounidenses, muchos europeos confundimos nuestras relaciones con la justicia local. Eso provoca malentendidos y confusiones. Pero hay cosas que no dependen de la tradición jurídica de un país. O no debieran. El principio de que toda persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario no es un producto de las leyes estadounidenses: es un principio clave de cualquier democracia. Así se supone que es, excepto cuando es España, el acusador es la SGAE y la acusación, violar la propiedad intelectual. Entonces, la carga de la prueba se invierte y es el acusado el que debe demostrar su inocencia... con el respaldo del Tribunal Supremo. Esta aberración jurídica acaba de ser corregida por un tribunal en Sevilla, que ha decidido lo obvio: si la SGAE quiere demandar, deberá demostrar que hay violación de derechos. Los bares y discotecas que están recibiendo cartas de advertencia de la SGAE estos días harán bien en tomar nota: ya no basta con afirmar. Ahora la SGAE deberá demostrar que hay mal uso de sus canciones.
1982-1987. Tadao Kikumoto y el Roland TB-303
José Luis de Vicente
Esta pequeña maquinita plateada (en realidad es de vulgar plástico), poco mayor que una cinta de vídeo, es la directa responsable de toda una revolución. Si la edad de oro de la música electrónica reciente empieza a finales de los ochenta con la explosión del “Acid House” (aquel movimiento que surgido de la nada llenó todos los clubs del mundo de caritas sonrientes), la culpa fue de esta belleza, la “máquina de bajos” Roland TB-303.
Íñigo Sáenz de Ugarte
¿Nos oculta algo el Gobierno? Es posible, sobre todo si la alerta proviene de informaciones obtenidas por los servicios de inteligencia que no pueden desvelarse. No es que quiera preocupar a nadie, pero parece difícil llegar a una conclusión diferente. De otra manera, ¿cómo se puede justificar una movilización policial total durante más de dos semanas?
Nicky era una gata preciosa. Su dueña, Julie, estaba loca por ella. Tanto que decidió guardar una copia de su ADN para clonarla el día en que muriera.
Nicky falleció. Y una empresa californiana ha conseguido una copia perfecta de la gata que entregó a Julie hace unos días. Sólo le falta crecer un poco para ser idéntica a su gemela genética.
Nicky no ha sido barata. El clon ha costado 50.000 dólares. Es la primera vez en la historia que alguien paga por clonar a su mascota, pero no será la última. Esta empresa ya tiene cinco copias más en camino y espera duplicar medio centenar durante el próximo año. También pretende conseguir el primer clon de un perro, un mercado que sospecha sea aún más rentable que el de los gatos.
Nicky es un capricho, un juguete. Una rabieta de princesa primorosa, de las que cortan lirios, cortan rosas, clonan gatos, son así. Y mientras frívolos como Julie gastan miles de dólares en un minino idéntico al anterior, miles de gatitos se mueren en las calles porque no tienen a nadie quien les cuide.
Feliz Navidad.

Está claro que a José Bono le gusta el cargo. Me lo puedo imaginar de niño, arrodillado en el suelo, recreando grandes batallas de la historia con muñequitos de plomo mientras imita efectos especiales bélicos con la voz (pum, pam, taj-taj-taj-taj). El ministro de Defensa, en vez de jamón y vino, regala por Navidad este bonito cascanueces imposible: el uniforme es de 1906 y la bandera tiene apenas dos décadas. Ideal para ponerlo encima de la tele al lado de la sevillana de plástico, el toro de Osborne y el acueducto de Segovia. Bono es pop.

Nunca te fíes de un señor en bata, gordo y con barba que te regala caramelos si te sientas en sus rodillas.
Juan Varela
El Congreso de los Diputados nunca había tenido más periodistas parlamentarios que con el reparto de paletillas de recebo, queso, lomo y rioja.
La cesta de Navidad encargada por el presidente Manuel Marín (PSOE) y escogida por la vicepresidenta Carmen Chacón (PSOE) y la diputada Isaura Navarro (IU) ha hecho saltar chispas y acreditaciones.
Sólo un periodista ha devuelto la cesta porque la considera un regalo exagerado. Un sólo hombre honorable y austero en la profesión (un iluso, dicen otros).

Hoy, historia del sinte por partida doble. En el blog de al lado, mi amigo José Luis de Vicente recupera uno de sus artículos de aquella misma serie que esta semana estamos publicando, tres años y medio después de escribirlos. Menos mal que los clásicos nunca pasan de moda.
Cuando comenzamos esta colección de artículos, partimos por la mitad. A él, que le va más el trip hop, usa ordenador Apple y vive en Barcelona, le tocaron los trastos más modernos. El Sampler: de la música de “corta y pega” a los ritmos imposibles.

1934. Laures Hammond y el teclado del rock
Un relojero estadounidense diseñó el único sintetizador que, de momento, no ha podido ser imitado a la perfección por los nuevos aparatos digitales. No es extraño: recrear el sonido de esta mítica lavadora es casi tan complicado como “renderizar” el viento. Se trataba de un órgano eléctrico basado, a pequeña escala, en el mismo sistema de síntesis de dinamos del Telharmonium. Fue el primer instrumento popular de la historia que no se desafinaba. Su creador, Laurens Hammond, hizo inmortal su apellido al bautizar con él a su criatura: el órgano Hammond.
A imitación de los órganos de tubos de las iglesias, el Hammond contaba con dos teclados superpuestos de 61 teclas más un tercero de 25 para los bajos que se accionaba con los pies. Otro ingeniero de la épica, Don Leslie, desarrolló un altavoz giratorio instalado sobre un motor que rotaba a diferentes velocidades. Este sistema de amplificación extra, llamado Leslie, es en gran parte el responsable de su peculiar timbre y una de las razones que lo hace inimitable. Era un extra que se adquiría por separado, a pesar de que Don Leslie intentó vender el invento a la compañía Hammond. Pero Laurens se negó: no quería nada que ensuciase el pulcro sonido de SU organo. Los músicos tenían otra opinión al respecto y el altavoz Leslie se convirtió en complemento imprescindible.
El instrumento –relativamente barato, extremadamente resistente y con un sonido rico y expresivo– fue rápidamente adoptado por los músicos de jazz y blues de los años 40. Estaba tanto en los bares como en las iglesias, donde servía a los coros de góspel. La compañía prosperó y fue desarrollando distintos modelos siempre fieles al sistema de dinamos y rotores de los primeros prototipos. En la década de los 50 se convirtió en el teclado del rock and roll. La compañía aumentó su catálogo con nuevos teclados portátiles. Surgieron otras muchas compañías que desarrollaron instrumentos a partir del mismo sistema de síntesis, pero Hammond siguió siendo el rey. Hasta que llegaron los 70.
Laures Hammond murió en 1973. Su compañía le siguió a la tumba pocos años más tarde. Los músicos habían dado la espalda temporalmente a estos instrumentos en favor de otros sintetizadores más avanzados. Al morir el fundador, los nuevos directivos decidieron abandonar la producción de sus clásicos órganos para embarcarse en la fabricación de nuevos instrumentos. Un gran error, la empresa quebró dos años después y, desde entonces, la marca ha dado tumbos de propietario en propietario. Una historia similar a la de Harley Davidson, que en los años 80 se puso a fabricar scooters para competir con las compañías japonesas, pero sin final feliz. Esta marca volvió a sus orígenes años después y transformó sus motos en artículos de lujo. Hammon, sin embargo, fabrica hoy unos teclados que parecen casiotones y no ha vuelto a recuperar su antigua grandeza.
La historia le daría la razón a Laures Hammond, que insistía en no abandonar los órganos clásicos, confiado en que su sonido volvería a estar de moda. Durante la década pasada, el acid jazz y discos como Scremadelica de Primal Scream abrirían nuevas posibilidades a este instrumento que se ha convertido en un artículo de coleccionista.
Copyleft: Ignacio Escolar - Escolar.net
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Por favor, piratea mis ideas.
Si te ha gustado este artículo, no te pierdas La interferencia que surgió del frío, Cuando los sintetizadores dominaban la Tierra y Strawberry fields forever. Próximo capítulo: el sintetizador Moog.
"Donde hay un botín, hay piratas repartiéndose el botín"
Ramoncín, vicepresidente de la SGAE.
(Hace unos minutos en la tele hablando de otros).
La exposición virtual se titula Mirrors, espejos. Según Jackson, es imposible mirar estas fotografías sin preguntarse sobre la vida de estas personas. Qué les llevó a la cárcel, qué fue de ellos. A falta de respuestas, es el espectador quién inventa sus historias. Al observar estas fotos nos reflejamos en sus miradas perdidas.
Uno de los lectores de Escolar.net me pregunta por correo electrónico:
"Unos amigos están intentando publicar un CD con música propia, pero ninguna empresa quiere hacerles la tirada del CD sin que estén afiliados a la SGAE.
¿Sabes alguna empresa que les haga las copias sin este requisito?
Lo peor de todo es que se han dejado dinero de sus bolsillos en grabar y masterizar el disco por cuenta propia, y lo que se supone que es lo más fácil, darle al botón de hacer mil copias, les está dando los mayores problemas."
Éste es uno de los abusos habituales de la SGAE. Mientras las grandes discográficas (los socios de AFYVE) no pagan derechos de autor más que por disco vendido, la Sociedad General de Autores y Editores no permite que ningún grupo o sello independiente fabrique en España CDs sin que antes paguen la factura por los derechos de toda la tirada. Da igual que luego no los vendan o que los autores en cuestión no sean socios de esta entidad de gestión. Tienes que pagar a la SGAE por adelantado para que haga de intermediario entre tú y tú mismo y después te devuelven el dinero... menos la correspondiente comisión. Que yo sepa, ninguna fábrica duplica el máster si no se presenta antes la factura de la SGAE.
Y ya que soy un desastre para esto de los consultorios, pregunto al respetable: ¿Alguien sabe de algún sitio, que no sea la tostadora de su casa, que produzca los CDs sin afiliarse antes a la SGAE?
A continuación, pego una conocida anécdota sobre este tema que sufrieron los de Gomaespuma. Está recogida en el libro “20 años de Gomaespuma”.
Corre el año 1988, el duo corchopan sigue con su impagable labor humanitaria (los chicos están mu apenaos con la situación de que los niños del mundo pasen hambre y todo tipo de calamidades, conmocionado Guillermo se le enciende la linternilla y deciden sacar un disco infantil en donde la letra no trataría a los niños como si fueran tontos. Bueno, el disco lo graban en Madrid, pero resulta que cuando fueron a fabricar el álbum se toparon con una sorpresita de la Sociedad General de Autores de España. Habla Guillermo Fesser:
"Encargamos diez mil discos de salida, que hay que estar chiflado, porque con esa cantidad no se arriesgan ni los que suenan como rojos en Cadena 40. De hecho vendimos unos siete mil y el resto se pudrieron en el sótano de la casa de Jack. Con la humedad, el vinilo parecía un barquillo y las tapas se deshacían en las manos. Cuando fui a hacer el pedido a la antigua CBS me dijeron:
- Nosotros los fabricamos encantados pero tenéis que traer el papelito sellado de Autores.
- ¿Y eso que es?
- El comprobante de que los autores os autorizan a editar el disco.
- Ah, vale.
Guillermo se acerca a Autores y les dice:
- Que vamos a hacer un disco y necesito el comprobante
- ¿Quienes son los autores?
- Nosotros.
- Muy bien, hay que rellenar estos impresos y firmarlos.
Fesser se los lleva, los rellena y firma con toda la tropa y vuelve.
- ¿Me da ya el comprobante para autorizar la fabricación?
- Si, como va a efectuar el pago?
- ¿Quéeee?
Resulta que para dejarles fabricar diez mil discos les pedían un pastón.
- Pero, oiga.¿Para que es ese dinero?
- Para pagárselo a los autores.
- Si los autores somos nosotros.
- Pues para pagarles a ustedes.
- Si es que nosotros preferimos quedarnos con el dinero. ¿para que se lo vamos a dar a ustedes para que ustedes nos lo den a nosotros?
- Pues no pueden fabricar.
Comenta Guillermo: "Total, que pagamos la pasta, que nos devolvieron meses más tarde con un descuento enorme en concepto de gastos por habernos tramitado el pago. Manda huevos!!!"
Alfonso Rojo
El lunes 27 de diciembre, 15 años y medio después de que una docena de personas fundáramos EL MUNDO en un apartamento del centro de Madrid, termina mi relación con el periódico.
Es la clausura de una aventura profesional fascinante. No tendrá lugar en la sede actual de EL MUNDO, ni tras una de esas fiestas que hemos prodigado en la cuarta planta del edificio de la calle Pradillo. El adiós será en uno de los cuartos interiores de la Delegación de Trabajo.
Allí tendrá lugar el acto de conciliación que evita los sinsabores de un juicio, en el que hasta los abogados de EL MUNDO coinciden en que el juez fallaría a mi favor.
Tres décadas como corresponsal de guerra me han curtido un poco, pero sigo siendo algo sentimental y me queda un ligero sabor amargo en la boca. No porque vaya a echar en falta el "olor de las linotipias" o el "chute de los cierres", ya que he pasado el 90% de los últimos años en desiertos afganos o callejuelas y bazares de Bagdad. Contar la historia en vivo, como testigo directo, es un privilegio que compensa con creces los incordios, los engorros, los horarios y las pequeñas miserias del ejercicio cotidiano de esta profesión.
El origen de esa pizca de amargura estriba en que la ruptura de mi relación con EL MUNDO viene de la negativa a aceptar que el director tenga derecho a decidir qué, cómo, cuándo y dónde opinan, dicen o expresan sus ideas en público los miembros de la plantilla.
El pasado 20 de septiembre recibí con sorpresa un burofax --¿no hubieras podido llamarme por teléfono?- requiriéndome que te presentase una solicitud de autorización para participar en cualquier tertulia radiofónica. Me advertías de que mi negativa se consideraría "falta de indisciplina de la máxima gravedad".
Te contesté que llevo 16 años interviniendo en tertulias radiofónicas. En muchas ocasiones he coincidido contigo en los estudios y ante los micrófonos. Aún así, finalicé mi respuesta con el aviso de que al día siguiente estaba invitado a "Protagonistas" con Luis del Olmo y que asistiría salvo que me comunicaras que te oponías.
No hubo respuesta, hasta que 55 días después, el 17 de noviembre, me enviaste un nuevo burofax explicando que, "después de haber reflexionado" me instabas de nuevo a pedirte permiso para participar en cualquier programa de radio. Añadías que yo debería "tomar en consideración las notables diferencias de todo orden que cabe apreciar entre la etapa fundacional del periódico y la actual".
En esta ocasión, de forma prolija, respondí haciendo hincapié en que no se puede alterar caprichosamente el estatus laboral de un trabajador; y que el director, por muy relevante que sea en el periódico, no puede vulnerar el derecho a la libertad de expresión, poniendo cortapisas, controles o filtros a lo que un periodista quiera o pueda opinar en una radio, fuera de su jornada laboral, en programas que no son competencia de EL MUNDO y sobre temas variopintos.
En esos días quitaste mi nombre de la mancheta del periódico, donde había estado durante 15 años. Esa "desaparición" me inquietó menos que el hecho de llevar seis meses -desde mi vuelta de Irak en julio- sin poder publicar en las páginas de EL MUNDO.
Lo cómodo y más conveniente, en palabras de varios de mis compañeros, hubiera sido plegarse, pedirte permiso y esperar que fueras magnánimo y me permitieras aparecer de vez en cuando en alguna radio de tu gusto. En el peor de los casos y si me prohibías volver a hablar en una emisora, insistían mis colegas, siempre quedaría el consuelo de cobrar cada fin de mes.
Si hiciera en la vida lo que me conviene, no sería yo. Claudicar, siendo periodista y defensor a ultranza del derecho de todo ciudadano a opinar libremente, me hubiera imposibilitado mirarme sin sonrojo en el espejo por las mañanas.
Me duele dejar EL MUNDO. He vivido con intensidad los últimos 15 años, seis meses y 21 días. Con intensidad y con placer, a pesar de tu montaje para acallar mi voz. Lo he pasado muy bien.
Sigo creyendo en el mensaje. En lo que he dejado de creer es en el mensajero. en cierto tipo de mensajero.
Alfonso Rojo
Ex adjunto al director de EL MUNDO
De: Pedro J. Ramirez
Enviado el: lunes, 20 de diciembre de 2004 20:36
Para: ´Alfonso Rojo´
Asunto: RE: Carta al Director de Alfonso Rojo
Respuesta del Director
Lunes 20 de diciembre
A/A: Alfonso Rojo
El Mensajero y el Mensaje
Ignoro por qué me diriges a mí este mensaje en torno a los dos burofax que han desembocado en tu salida pactada del periódico, mediante un sustancioso acuerdo económico. En el supuesto de que tu propósito sea darlo a conocer a terceros, te rogaría que presentaras los documentos a partir de cuyo contenido dices que yo te "requerí", yo te "advertí", yo te "envié", yo te "expliqué", yo te "insté" o yo te "añadí".
La única verdad es que yo ni te "requerí", ni te "advertí", ni te "envié", ni te "expliqué", ni te "insté", ni te "añadí" nada por la sencilla razón de que soy completamente ajeno al contenido de tales "burofax" –todavía al día de hoy lo desconozco- que, según mis noticias, fueron redactados y firmados por el Departamento de Personal de Unedisa de acuerdo con los criterios de quienes tienen la responsabilidad de gestionar la compañía.
Pretender convertir tu negativa a seguir las normas que, en materia de colaboraciones en otros medios, afectan a todos los periodistas de Unedisa con dedicación exclusiva en sus contratos en una cuestión de libertad de expresión, es desde luego falsificar el mensaje. Yo no he "vulnerado" ningún "derecho" tuyo –real o ficticio-, entre otras razones, porque ni siquiera nos has dado la oportunidad a los miembros de la Comisión de Colaboraciones que todos los años examina las solicitudes de cualquier integrante de la plantilla –sea redactor o vicedirector- de tomar una decisión respecto a la tuya.
En cuanto al mensajero, lo único que puedo decirte es que de la misma manera que me siento decepcionado por el hecho de que tu conducta en el plano personal haya truncado una larga amistad de la que tantas muestras has tenido, también me siento decepcionado al constatar que tu conducta en el plano profesional ha hecho imposible tu continuidad en nuestro proyecto.
Espero que el tiempo sólo preserve, sin embargo, los buenos recuerdos del pasado y que tu seas capaz de encauzar tu talento de forma más constructiva y responsable a como venías haciéndolo en los últimos años en EL MUNDO.
Pedro J. Ramirez

El juez de la Audiencia Nacional Juan del Olmo ha establecido como conclusión provisional de su investigación sobre los atentados del 11-M que los ataques fueron decididos por varios grupos de islamistas radicales, quienes decidieron "atentar en España como reacción a la posición al conflicto de Irak"
Garzón también llegó a la misma conclusión.
Rectificación 22-12-2004 / 00:36
Parece que fue un patinazo de las agencias de noticias (el párrafo anterior es una copia textual de la noticia que publicaron en El Mundo en portada hace unas horas). La afirmación de que los ataques del 11M fueron consecuencia del apoyo español a la invasión de Irak no es del juez sino de un informe policial recogido en la conclusión provisional de Juan del Olmo. Mil perdones. Más.
"El moro nos ha meado en los pantalones. Si le dejamos, nos los baja y nos la clava"

¿Quién puede más?, ¿los Beastie Boys o los Beatles? Un tal DJ BC ha conseguido que la pelea quede en empate. Copien este disco de remezclas antes de que las discográficas lo prohiban
Vía Boingboing.
1963. Leslie Bradley, Harry Chamberlin, The Beatles y el Mellotron.
¿Para que diablos puede querer alguien setenta cabezas lectoras de cinta magnética? La pregunta se la hicieron los hermanos Bradley –Leslie, Frank y Norman– cuando, a principios de 1962, recibieron un misterioso pedido del estadounidense Bill Fransen que cambiaría la historia de la música. Los Bradley administraban una pequeña empresa familiar de componentes electrónicos, Bradmatic, en Inglaterra. Los encargos no solían ser tan grandes.
Dieciséis años antes, otro estadounidense, Harry Chamberlin, había diseñado un instrumento al otro lado del Atlántico cuya alma eran esas cabezas lectoras. Se trataba de un pesado teclado que emulaba sonidos reales mediante cintas magnéticas. Bajo cada tecla había una cabeza lectora y una pequeña cinta magnética en la que estaba grabado el sonido perfectamente afinado. Chamberlin bautizó con su nombre al instrumento y, en 1960, abrió una tienda en California donde comenzó a producirlo de forma industrial.
El Chamberlin tenía algunos problemillas de diseño. Cada dos por tres la cinta magnética se partía y había que llevar el instrumento de vuelta al taller. Pese a todo, las ventas iban razonablemente bien y el negocio fue creciendo. Tanto que Harry contrató a un vendedor para que le ayudase a ampliar mercados: Bill Fransen. Sí, el mismo Bill Fransen del pedido misterioso. No fue una buena idea.
Dos años más tarde Fransen abandonó a Chamberlin y se fue al viejo continente a la búsqueda de nuevos socios con los que prosperar.
Volvamos con los Bradley. Tras recibir el misterioso encargo, picados por la curiosidad, se reunieron con Fransen, que les mostró uno de los teclados que fabricaba Charmberlin. A Leslie Bradley le apasionó su sonido. Un año más tarde, en 1963, estaba en las tiendas inglesas el Mellotron, la versión británica del diseño de Harry Chamberlin con sustanciales mejoras sobre el original. La cinta ya no se partía y los sonidos, aunque menos fieles al original, eran más precisos en su ejecución.
Los Bradley –engañados por Fransen, que les vendió el teclado como un prototipo propio para después desaparecer– desconocían que estaban infringiendo una patente estadounidense hasta que Harry Chamberlin se presentó en Inglaterra, en 1966, reclamando la paternidad del invento. El problema se solucionó de forma amistosa con 30.000 dólares de los de entonces de por medio. Harry regresó a California con el dinero bajo el brazo, donde continuaría fabricando nuevos modelos de su teclado durante los años siguientes y Leslie Bradley siguió desarrollando su Mellotron en tierras de su real majestad. El pacto entre caballeros incluía un reparto de mercado: para ti Estados Unidos, para mí Inglaterra. Chamberlin se quedó con el lado malo.
Al año siguiente de este acuerdo, en 1967, The Beatles grabarían en Abbey Road una de sus canciones más conocidas, “Strawberry fields forever”, una psicodélica melodía que comenzaba con un sonido de flautas grabado con un Mellotron. La compañía comenzó a cabalgar sobre el éxito de los cuatro de Liverpool. Su disco emblemático, el “Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band” también haría uso de este teclado. Tras popularizarlo The Beatles, la lista de artistas que después se dejarían hechizar por sus peculiares sonidos es interminable. El rock sinfónico de los setenta tomaría el relevo, con grupos como Yes. Hasta que llegaron el sampler y los Sex Pistols.
La compañía quebró a finales de los setenta. Al punk no le interesaba nada tan caro y pesado como estos instrumentos. Leslie Bradley fundó una nueva empresa que vendía los mismos teclados pero, durante la bancarrota, tuvo que desprenderse de la marca Mellotron. Su nuevo instrumento, el Novatron, sobreviviría hasta 1987 aunque nunca logró ni la décima parte de las ventas que sus anteriores diseños. Eran otros tiempos y la competencia de los instrumentos digitales no dejaba demasiado espacio para un pesado teclado de cintas magnéticas.
La década siguiente, los noventa, reivindicaría tanto a The Beatles como al Mellotron. Grupos como Oasis o Radiohead recuperaron su sonido. En la actualidad, el hijo de Leslie, John Bradley, trabaja junto a un equipo de ayudantes como restaurador de estos viejos teclados, auténticas piezas de coleccionismo. En su familia, nadie se pregunta ya para qué demonios hacen falta tantas cabezas lectoras.
Copyleft: Ignacio Escolar - Escolar.net
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Si te ha gustado este artículo, no te pierdas La interferencia que surgió del frío y Cuando los sintetizadores dominaban la Tierra. Próximo capítulo: el organo Hammond.
Los estudios de cine no aprenden de los errores ajenos. Hace unos días, tras los pasos judiciales de las discográficas, Hollywood puso en marcha un centenar de demandas contra las páginas web que clasificaban enlaces a archivos de la red Edonkey y BitTorrent. Estos sitios funcionaban como las guías de teléfono de las redes “peer to peer” (P2P). En ellos no se guardaba el archivo, sólo un enlace que iniciaba la descarga de forma automática si el usuario tenía instalado el programa adecuado.
Tanto Edonkey (o Emule) como BitTorrent son redes de intercambio de archivos descentralizadas. No hay un ordenador central, como pasaba con Audiogalaxy o el viejo Napster. Hay cientos y cada usuario es servidor y cliente. La única pega tecnológica de este modelo es que las búsquedas no son tan eficaces como pasaba con los primeros P2P. Para solventar este problema, y para garantizar que lo que se estaba descargando era el archivo que decía ser, se utilizaba el atajo de las guías webs, de esas páginas que la industria del cine está cerrando estos días con la amenaza de los abogados.
Tras las demandas, hoy buscar archivos es más difícil que ayer. Varios de los principales directorios, como Suprnova.org o ShareReactor.com, han cerrado. Spanishare.com también lleva unos días caído, aunque dicen que se trata de “un problema del servidor”. Aún no hay sentencias. Tardarán bastante en llegar y no está claro que el simple enlace viole el copyright, ya que la página no proporciona el archivo. Pero, para los responsables de estas webs, enfrentarse a un proceso legal contra los abogados de los estudios de cine ya supone una condena. ¿Hollywood ha ganado? Se equivocan si piensan que sí.
Los estudios de cine, como antes hicieron las discográficas, sólo han dado un paso más hacia su Némesis. Con cada demanda, con cada juicio, están logrando que los programas P2P mejoren y sean más difíciles de cerrar. Las redes de intercambio de ficheros sólo funcionan cuando un amplio número de internautas las usan. Gracias a los disparos de los cazadores, la manada cambia de pastos. Hace cuatro años, las canciones bajaban de una en una y se cortaban a la mitad. Hoy se descargan discografías completas en un único archivo, películas, videojuegos, libros...
Si no fuese por los tribunales, los internautas seguirían copiando MP3 incompletos desde Napster. Los abogados son el depredador agresivo de un ecosistema que evoluciona con cada una de sus embestidas, que mejora y se hace más inexpugnable, más rápido, más difícil de detectar. Tras las demandas contra los servidores, los usarios y las guías de búsqueda, la industria del copyright sólo está dejando una salida para la supervivencia del P2P: nuevas redes anónimas, con criptografía, capaces de saltarse todos los firewalls, invisibles e inexpugnables frente a los tribunales. Son técnicamente posibles. Gracias a Hollywood, alguien las creará.
¿Cuánto tardarán los programadores de redes P2P en desarrollar un directorio distribuido donde se guarden los enlaces y que se distribuya desde las propias redes compartidas? Poco, muy poco. Los estudios de cine han cometido el mismo error que las discográficas. Van de victoria en victoria hasta la derrota final.
Copyleft: Ignacio Escolar - Escolar.net con la colaboración de Marta Peirano.
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Por favor, piratea mis ideas. Y mis canciones.

Muchas personas piensan que Hollywood alarga innecesariamente las películas. Jennifer Shiman es una de ellas y lo demuestra con hechos. Es capaz de condensar las más de dos horas de El Exorcista en medio minuto. Esta dibujante estadounidense ha encontrado su estilo único: versiones de animación en flash de películas en 30 segundos y con conejos como protagonistas.
Con esta fórmula ya ha dado repaso a clásicos como El Resplandor, Tiburón, Alien o incluso la navideña Qué bello es vivir. Nadie supera su capacidad de síntesis hasta con las películas más largas, incluso el bodrio de Titanic.