Sep 01

San Umbral el Estilita

Tag: PrensaIgnacio Escolar @ 12:09 pm |

Rafael Reig

Las oraciones de los hombres justos se elevan al cielo como columnas que sostienen el firmamento para aplastar la justa ira divina. Según la doctrina de la comunión de los santos, la salvación es hasta cierto punto una empresa colectiva, nadie se salva solo: los padres del yermo rezan por todos nosotros. Los estilitas decidieron hacer realidad esta metáfora en su propio cuerpo. Se subían a una columna, en mitad del desierto, y allí vivían rezando y alimentándose de alfalfa y yerba. Dicen que sus deyecciones, casi líquidas, a causa de la dieta, caían enroscándose por la columna, igual que resbala la cera por un cirio. Umbral, el columnista, hizo realidad en su vida el temblor de la literatura: el fue sólo literatura, sujetó la bóveda celeste con un armazón de palabras, se convirtió en un anacoreta, el hombre-pluma que soñaba Flaubert, con su ametralladora Olivetti, el que escribe por la salvación de todos los demás, los pecadores que caemos en la tentación de un adjetivo mal puesto o un gerundio donde no corresponde.

Francisco Umbral solía decir que hay dos clases de escritores: aquellos que escriben cuando se les ha ocurrido una idea y los que escriben para que se les ocurra una idea. Él era de los segundos: escribía para pensar, pero también escribía para lograr una identidad, una vida, un sentido. Fue, por encima de todo, escritura: una esbelta columna de violencia y belleza verbal.
Sus deyecciones, como las de los padres del yermo, aumentaron a medida que se iba consumiendo la vela, adheridas a la columna, enrolladas hacia abajo: la chulería, el machismo, las marquesas, la rebatiña por premios y honores, las mezquinas venganzas y las genuflexiones vergonzantes ante el poder.
La llama encendida, sin embargo, ha ardido en oración literaria por todos los que recordamos haber crecido leyendo a Umbral con devoción y aprendiendo la fuerza de la escritura desatada, sin más asunto que la propia literatura.

Tenía una incapacidad metabólica para la novela, pero sus mejores columnas cumplían la norma de Francís Ponge: “El escritor no debe dar al lector una idea, sino una cosa”. Eran construcciones léxicas, como catedrales o vasos campaniformes.
Su columna se ha convertido ya en una estela funeraria, una lápida de piedra en la que no sería justo ni elegante hacer pintadas con un spray.

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Este obituario ha salido publicado en un número cero, de esos que se hacen para probar la maquinaria antes de lanzar un diario. Como es el mejor que he leído sobre Umbral me ha dado pena que se quedase ahí y por eso lo comparto con vosotros. Espero que os haya gustado tanto como a mí.

55 comentarios en “San Umbral el Estilita”

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  1. #51 Jota dice:

    Pues el siguiente homenaje a Umbral me parece todavía mejor (y eso que es difícil): http://www.debatecallejero.com/?p=348

    De verdad, no os lo perdáis.

  2. #52 Juan Larzabal dice:

    Hola Ignacio, casi tan bueno como el de blogs.andalucianoticias.es/peleona. Pero, permíteme una pregunta, quién es el artista? Quién firma esa deliciosa meta-fora-nimia? Lo digo, más que nada, pa invitarlo a algun sarao y que nos lo cuente aquí, en Granada, donde siempre volverás ,-) Ciao y gracias

  3. #53 Francisco Umbral e Internet dice:

    […] Precisamente en elmundo.es, periódico para el que colaboró los últimos quince años, han puesto a disposición del internauta todas sus columnas desde 1994. Merecen echarles un vistazo. Más que nada para comprobar porqué Umbral ha recibido el título de “maestro de columnistas” (el de “maestro de periodistas” ya recayó en Campmany; ¿qué dejan para Ansón?). Aquí querría decir yo la mía. Umbral fue y es maestro de estilo, qué duda cabe. Nadie como él para enlazar pasajes de prosa poética y juegos de ingenio. La prueba está en todos los exégetas que ha ido dejando. […]

  4. #54 Acteon dice:

    Espléndido artículo, Nacho, éste de don Rafael, que pone el dedo en la llaga. Menciona del interfecto sus cagadas y sus servidumbres, aunque voluntariamente de pasada, pero todo ello encajado dentro del marco literario al que Francisco Pérez Martínez vivió adscrito como el espléndido columnista que fue. Magnífico adorno para su cero uno.

  5. #55 jorgedioni » Blog Archive » Todos los ahorcados mueren (entre) empalmados dice:

    […] Rafael Reig, en un número cero de Público, recogido por Escolar.net. […]

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