ene 31 2008
Vota a un partido que empiece por P y acabe en P
La jerarquía eclesiástica española no quiere señalar, que es de mala educación. Por eso en las orientaciones sobre cómo deben votar los buenos católicos no aparece ni una sola sigla. Al igual que hacía Franco, ellos no entran en política. En su pastoral electoral, sólo se limitan a pedir que no se vote a ningún partido que defienda el matrimonio gay, que apoye la Educación para la Ciudadanía o que haya respaldado las conversaciones con ETA. Si descartamos a Falange y otros grupos ultras, sólo hay un candidato para quedar bien con el dios de Rouco Empieza por eme y acaba por Rajoy.
No hablarás con terroristas
Este nuevo mandamiento del catecismo de Rouco demuestra hasta qué punto la jerarquía eclesiástica española está controlada por los sectores más conservadores. Para el Opus, los legionarios o los kikos, no importa romper con la doctrina católica, que siempre ha apostado por la palabra. La Iglesia ha intermediado en decenas de negociaciones dentro y fuera de España. Cuando era Aznar el que hablaba con ETA, el propio obispo Uriarte estaba en la mesa. El cambio en la postura eclesiástica es tan grande que sólo me queda una duda. ¿Lo saben en Roma?
A dios rogando y con la COPE dando
¿Quién, si yo gritara, me escucharía desde las jerarquías de los ángeles? En los últimos años, la cúpula eclesiástica española ha jugado a la política con dos barajas: el poli bueno, sus pastorales, y el poli malo, el púlpito de la COPE. Unos llaman a la convivencia y al respeto, y se presentan como víctimas de un Gobierno que no sólo no ha recortado sus privilegios sino que, en materia económica, los ha consolidado. Los otros, desde la radio, fomentan el discurso del odio. Mienten, insultan, manipulan. Siembran la crispación. Nos enfrentan, nos dividen.


