Zapatero se confiesa en Público con Gonzalo López Alba: “Mañana me conformo con empatar”. Tiene razón en su cálculo. Tras la derrota de Pizarro y tal y como evolucionan las encuestas, da la impresión de que a Zapatero le basta con no perder los debates para ganar las elecciones. La presión ahora la tiene Rajoy, que es quien necesita una victoria si quiere mantener sus opciones de cara al 9-M. A Zapatero le vale con una X en la quiniela, pero no puede salir a empatar. Al menos en el fútbol, el que juega al empate siempre pierde… si no es un equipo italiano.
La victoria la decide el jurado
Salvo sorpresa, es poco probable una derrota tan clara como la que sufrió Pizarro. Ni Zapatero ni Rajoy son recién llegados a los que les asuste una cámara de televisión. Cara al resultado y su influencia en los votantes, será vital la sensación que se transmita desde los medios de comunicación, que son quienes decidirán el ganador a los puntos si no hay K.O. En el PSOE temen este escenario, pues creen que la derecha cuenta con más apoyos mediáticos: dicen que si Zapatero empata, será como si hubiese perdido.
Pero también las encuestas
Si al PSOE le asusta el veredicto de los medios, al PP le preocupa el qué dirán de las encuestas. Desde Génova argumentan que la derrota de Pizarro fue tan amplia en el sondeo urgente de Antena 3 (diez puntos de ventaja para Solbes) porque los votantes de IU y los nacionalistas simpatizan con el PSOE antes que con el PP. Esto en parte explica por qué Rajoy sale peor valorado que Zapatero en las encuestas. Si se votase presidente y no diputados, el 9-M estaría claro. Gran parte de la estrategia del PSOE pasa por ahí.
Porque te gusta Rajoy, porque te gustan los hombres con barba, porque tú también te llamas Mariano y nunca te felicitan por tu santo, porque hacer un click es tu libertad, por lo que tú quieras. Vamos, utiliza el poder que te otorga el dedo índice que tienes sobre el ratón.
No quería pronunciarme pero creo que las circunstancias obligan, que no me puedo callar por coherencia con mi trayectoria personal. España se juega mucho y el voto de cada uno cuenta, y puede ser decisivo.
A un lado hay una propuesta en positivo, que representa la España optimista y vital, la del esfuerzo, la de la trabajo bien hecho. Al otro, un candidato populista de brocha gorda, que nos dejará en evidencia cuando salga más allá de los Pirineos, que ridiculiza a los inmigrantes y se mofa de sus costumbres. Uno tiene el apoyo de la gente. El otro, el de la televisión.
Sé que me estoy metiendo en un charco, pues el propio grupo empresarial para el que trabajo apuesta por el otro candidato. Pero hay momentos en la vida de un hombre donde debe tomar partido, donde no se puede permanecer impasible, cueste lo que cueste.
Hay que votar porque el que calla otorga, porque el futuro es nuestro, porque creemos en una España mejor que mire a Europa sin vergüenza, sin complejos, sin quedar en ridículo.
Basta ya de frikis y de reggaetón tuno. Hay que votar a La Casa Azul.
Cuando González y Aznar debatieron en 1993, ese recurso televisivo quedó prohibido por un contrato firmado ante notario: mientras un candidato hablaba, no se podía enfocar al otro. A eso, en televisión, se le llama contraplano o plano de escucha. En la política catódica, es casi tan importante lo que se habla como lo que se dice con el cuerpo mientras se atiende. Pizarro, en el debate del jueves, también falló ahí. Cuando no asentía con la cabeza ante la lección de Solbes, Pizarro se agarraba al atril como si no hubiese suelo. Parecía más nervioso al escuchar que al hablar
Algo más que un debate perdido
El pinchazo del globo de Pizarro ha sido tan evidente, tan claro, que ni siquiera los dirigentes del PP lo niegan en privado. El jueves, entre otras cosas, quedó demostrado que la política no es un oficio donde baste con ser más chulo que un ocho. Ayer Zapatero aprovechó para hacer leña del fichaje estrella caído mientras que Rajoy, en su mitin, pasó de puntillas sobre el debate. No es sólo una derrota puntual. Pizarro era el mascarón de proa del buque más importante en la campaña del PP, el de la economía.
Zapatero y Rajoy escucharán
Rajoy llega tocado al debate del lunes, lo tiene difícil para poder recuperar la iniciativa en el campo económico. La derrota no sólo afecta a la estrategia electoral del PP, también se puede notar en la negociación técnica del debate. A falta de dos días, aún quedan por cerrar detalles como la iluminación o el tipo de planos. Otras cosas sí están pactadas. Al igual que con Solbes y Pizarro, veremos las caras de Zapatero y Rajoy mientras escuchan. Aunque ellos debatirán sentados.
Pedro Solbes.- Usted hablaba de un modelo basado en la capitalización. En el pasado ha hablado de un modelo de pensiones chileno, el modelo que apoyó Pinochet. Sería importante que sepan los ciudadanos qué piensa usted del modelo de pensiones. Nosotros tenemos un modelo claro, coherente, aplicado, que ha admitido enormes reformas y vale y sigue siendo útil para el futuro. Lo que no sabemos es lo que piensa usted de su modelo de pensiones. Lo que ha hecho en declaración públicas es que usted prefería un sistema público… un sistema privado de pensiones. Sistema privado de pensiones basado en la capitalización.
Manuel Pizarro.- Lo primero señalar, no he dicho nunca que creo en un sistema exclusivamente de capitalización. Usted lo dijo, que dijo a los españoles que se fueron suscribiendo un plan de pensiones.
El ministro de Economía es creíble y transmite confianza, pero no es precisamente el mejor orador del Gobierno. Su tono es monocorde y aburrido al hablar, se pasa de técnico y anoche, en el debate, se enfrentó a Manuel Pizarro como si estuviese en el Congreso de los Diputados y no en una tele. A pesar de todo, Pedro Solbes ganó por mucho al ex presidente de Endesa. El amigo de Jiménez Losantos, el de Teruel, estuvo tenso. Después de la demagogia de su primera intervención, la que llevaba más ensayada, perdió los papeles. Y no los recuperó.
La mano de Pujalte
Pizarro tuvo dos caras. Una nerviosa y con los ojos hacia abajo, cuando leía en sus papeles las intervenciones que traía preparadas de casa o cuando escuchaba a su contrincante. Otra más natural, demagógica y algo insultante, cuando intentaba colar a ETA en un debate económico. Ninguna de las dos le favorecía. El ex presidente de Endesa preparó este debate, entre otros asesores, con Vicente Martínez Pujalte. Se notaba la mano del diputado más agresivo de la bancada popular. Pero no para bien.
Recortes en la vivienda
Cada vez que habla Pizarro, al PP le toca reescribir el programa electoral. El fichaje estrella de Rajoy tiene especial facilidad para comprometer al PP en asuntos donde la derecha no quiere pronunciarse. Lo hizo a los pocos días de llegar, cuando criticó las energías renovables. Lo volvió a hacer en el debate, cuando anunció que suprimiría el Ministerio de Vivienda para poder pagar su prometida rebaja fiscal. Que se lo comente a Esperanza Aguirre, que hace sólo unos meses ha creado una Consejería de Vivienda.
ANDOAIN (GUIPÚZCOA). En un Pleno lleno de tensión, el alcalde de Andoain, José Antonio Barandiarán, y los cuatro ediles de Batasuna tuvieron que ser protegidos por la Policía Municipal y abandonar la Sala de Plenos por la puerta de atrás, ante los gritos de «cobardes», «chivatos» y «asesinos» del público. A la condena del asesinato del jefe de la Policía Municipal de esta localidad por parte del PSE, del PP y del PNV-EA se sumó a título individual uno de los concejales de Batasuna, Jesús María Olazábal. Los asistentes al acto exigieron la dimisión del alcalde y denunciaron, primero en el Ayuntamiento y luego en la manifestación, la situación del municipio que gobierna Batasuna en minoría. «Con el PNV, alcalde de Batasuna», coreaban insistentemente, a la vez que reclamaban «moción de censura, ya».
Al iniciarse el Pleno, los concejales de Batasuna fueron recibidos con el lanzamiento de pegatinas con el lema «ETA, no» y gritos de repulsa por parte de los asistentes, que abarrotaban la sala, entre los que se encontraban numerosos políticos del PSE, como los dirigentes del PSOE o Rosa Díez, y del PP, como María San Gil, además de miembros de «Basta Ya», entre ellos Fernando Savater y Carlos Martínez Gorriarán, así como el diputado de Guipúzcoa Román Sodupe, y, en representación del Ejecutivo vasco, Josu Jon Imaz, que aguantó en silencio los reproches hacia PNV y EA.