Nov 01

Eppur si muove

Tag: Estrategias oblicuasIgnacio Escolar @ 9:58 pm |

El bulo es casi más conocido que la teoría heliocentrista. 22 de junio de 1633: Galileo Galilei, 70 años, acusado de herejía ante la Inquisión por defender que la Tierra gira alrededor del Sol, reniega de su ciencia de rodillas, frente a la Biblia. “Yo, Galileo Galilei, he abjurado como queda escrito por propia voluntad”, dice el manuscrito original, que estos días se puede ver en Madrid, en una exposición sobre Galileo y la astronomía en el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología. Tras la abjuración vino la leyenda: “Eppur si muove” (y sin embargo se mueve), dicen que murmuró, aún postrado frente al tribunal.

La famosa cita es apócrifa. Al parecer, la inventó 124 años después un crítico literario italiano, Giuseppe Baretti. De poco le habría servido a Galileo renegar de sus descubrimientos si terminaba con ese desafiante “eppur si muove” frente al tribunal de la Inquisición que iba a decidir su condena. Gracias a que la historia no fue como la inventaron, la pena fue benévola. Fue sentenciado a cadena perpetua, pero su amigo y protector, el Papa Urbano VIII, conmutó la penitencia por arresto domiciliario y más tarde le perdonó. Ni antes ni después del juicio, Galileo llegó a pasar una sola noche en prisión.

Pero el “eppur si muove” no sólo es falso, también es insultante para un Galileo pragmático, como buen científico. El padre del telescopio, que este año cumple cuatro siglos, no quiso ser un mártir y por eso se arrodilló para sobrevivir porque de nada habría servido defender la razón contra la fe ante diez cardenales; porque sabía que los astrónomos que tras él se asomasen a las estrellas descubrirían la verdad. Hizo bien. Mártires ya había de sobra.

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“Yo, Galileo, hijo de Vicenzo Galileo de Florencia, a la edad de 70 años, comparecido personalmente en juicio y arrodillado ante vosotros, Eminentísimos y Reverendísimos Señores Cardenales, Inquisidores generales en toda la República Cristiana contra la herética perversidad; teniendo ante mis ojos los sacrosantos Evangelios, que toco con mis propias manos,

Juro que siempre he creído, creo aún y, con la ayuda de Dios seguiré creyendo todo lo que mantiene, predica y enseña la Santa, Católica y Apostólica Iglesia Romana. Pero como, después de haber sido jurídicamente advertido por este Santo Oficio de que debía abandonar la falsa opinión de que el Sol sea el centro del mundo y que no se mueva y que la Tierra no sea el centro del mundo y se mueva, y que no podía mantener, defender ni enseñar de ningún modo, ni de palabra ni por escrito, la mencionada falsa doctrina. Y después de serme notificado que la tal doctrina es contraria a la Sagrada Escritura, escribí y di a la imprenta un libro en el cual trato de la mencionada doctrina perniciosa y aporto razones con mucha eficacia a favor de ella sin aportar ninguna solución, soy juzgado vehementemente sospechoso de herejía, es decir, de haber mantenido y creído que el Sol sea el centro del mundo, e inmóvil, y que la Tierra no sea el centro y que se mueva.

Por lo tanto, queriendo yo levantar de la mente de Vuestras Eminencias y de todos los fieles Cristianos esta vehemente sospecha, razonablemente concebida contra mí, con el corazón sincero y fe no fingida, abjuro, maldigo y detesto los mencionados errores y herejías y, en general, todos y cada uno de los otros errores, herejías y sectas contrarias a la Santa Iglesia; y juro que en el futuro nunca diré ni afirmaré, de palabra o por escrito, cosas tales que por ellas se pueda tener sospecha semejante de mí; empero que si conozco a algún hereje, o que sea sospechoso de herejía, lo denunciaré a este Santo Oficio o al Inquisidor u Ordinario del lugar donde me encuentre.
Juro y prometo cumplir y observar completamente todas las penitencias que me han sido o me serán impuestas por este Santo Oficio; y si incumplo alguna de mis promesas y juramentos, lo que Dios no quiera, me someto a todas las penas y castigos que imponen y promulgan los sacros cánones y otras disposiciones generales y particulares contra semejantes delincuentes. Así Dios me ayude y estos sus santos Evangelios que toco con mis propias manos.

Yo, Galileo Galilei, he abjurado, jurado y prometido y me he obligado como queda escrito; y como prueba de verdad he escrito con mi propia mano la presente cédula de mi abjuración y la he recitado palabra por palabra en Roma, en el convento de Minerva este 22 de junio de 1633.

Yo, Galileo Galilei, he abjurado como queda escrito por propia voluntad.”

Galileo Galilei

108 comentarios en “Eppur si muove”

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  1. #101 donreposado dice:

    Permítame usted que le conteste a cada párrafo por separado:
    “En ambos casos, en el del creyente y en el de su afirmación, se hace una interpretación de unos hechos y a partir de esa interpretación se constituye una creencia”

    Claro, la diferencia que usted ha ignorado es la naturaleza de esos actos: Los hechos que yo uso para afirmar lo que afirmo pertenecen al mundo real y comprobable por todo el mundo, incluido el que tiene fe: Se trata de las afirmaciones que hacen los creyentes sobre sí mismos, el aparato social que construyen y sus actos: El fenómeno de la religión. Puede usted sacar a colación cualquier detalle que niege mis afirmaciones que si lo encuentro convincente no dude que variará de manera de pensar.
    En cambio los hechos en los que basa un creyente sus creencias son, de por si, inaperensibles mas que a otro creyente y, por lo que narran, incluso no es aventurado afirmar que cada uno tiene unos hechos diferentes en los que sostener sus afirmaciones: Se trata de una experiencia subjetiva que pretenden afirmar es objetiva, una iluminación divina unidireccional, personal e inovserbable de la que, además, sacan conclusiones éticas y morales que pretenden imponer a los demás.
    Entiéndame que ese punto y no otro es el que sostengo, el que entiendo diferencia claramente la postura del creyente del no creyente y que convierte al discurso del primero en algo esencialmente diferente del discruso del segundo.

    “-en el caso del creyente, cuando hablo de hechos no me refiero al embarazo de una mujer por parte de una paloma o la resurrección de un medio hombre medio dios a los tres días de muerto; eso es decoración, los hechos a los que me refiero son vitales: nacer, morir y esas cosas-”

    Entinedo, entonces, que se refiere justamente a lo que mento yo: La fe, en abstracto, al acto de fe, que condiciona su visión de esos hechos que considera vitales, por ejemplo afirmando contundentemente que eso de nacer o morir implica un ente llamado alma; dese cuenta de que esa afirmación tiene implicaciones hacia el no creyente, por ejemplo imponiendo la prohibición del aborto. ¿Cuándo surge el alma? Si dicha cuestión depende de la iluminación divina, ¿qué nos queda como argumentación a quienes no creemos en ello, mas que la recusación del argumento metafísico del alma? ¿Cómo podría entonces si no argumentar en contra de una imposición, si equipara usted ambas posturas? ¿O considera usted que los argumentos metafísicos son equiparables a los racionales?

    “El científico coge su intuición-creencia y le hace una serie de tests para ponerle a prueba (es lo que se va a hacer con el colisionador de hadrones, por -mediático- ejemplo); y el creyente hace lo propio aplicando otro sistema.”

    Tiene usted razón, estamos de acuerdo en ello. Esa diferencia, de hecho, constituye para mi una diferencia cualitativa muy importante: Las afirmaciones del científico son contrastables racionalmente, luego puedo compartirlas, rebatirlas o apoyarlas con argumentos al alcance de cualquiera, creyentes incluidos. Las otras no, luego deberían de ser desechadas del debate público, o ocrremos el riesgo de negar el derecho a muchos, los no creyentes, de debatir en igualdad de condiciones.
    De hecho, he de ser modesto, todo esto que digo no es ni mucho menos invención mía: Es la misma esencia del laicismo, que entiendo debería de ser la guía del estado y del país, y ya fué formulado y definido hace mucho tiempo. Que todavía estemos debatiéndolo me parece muy triste, y significativo del atraso de nuestro país.

    Después ha escrito usted un párrafo en el que confunde racionalidad con método científico. En cualquier caso no entiendo cómo no ve la posibilidad de pasar mi afirmación por un teste de falsabilidad: Bastaría que me enseñase alguna religión que no se base en una creencia ciega en entes abstractos, metafísicos o de fuera de este mundo. La misma pregunta en sí parece absurda, lo que juraría es bastante relevante, pero si se diera el caso con gusto le recconocería que esa religión no cumple el requisito de mi afirmación, y debería de añadir una excepción a ella.
    En cambio, como bien señala, el que afirma que Dios existe afirma algo que no es contrastable. Me parece bien, cada cual afirma lo que desee, más faltaría. Pero entienda que si de esa afirmación pretende sacar conclusiones que me incluyen preferiría que dichas afirmaciones fueran contrastables. Me bastaría que me demostrara la existencia de su dios, en los términos en que lo formula, claro está. Si no lo hace, sus conclusiones deberían de quedar fuera del ámbito público desde cualquier punto de vista que se mire, o las leyes que se desprendan serían injustas de por sí. El caso del aborto es un ejemplo muy claro.
    Dése cuenta de que este ejemplo tiene un punto engañoso: Si alguien afirma que su fe le dice que abortar a los nueve meses es algo permisible no por ello debería de permitírselo, dadas las evidencias de existencia de cerebro, etc, que son argumentos racionales, a la hora de definir un sujeto de derechos.

    En cuanto a su posdata, por supuesto mi afirmación sobre las creencias en sujetos invisibles van más allá que la propia invisibilidad. La invisibilidad es una característica de muchos objetos del mundo real, las características de los dioses van mucho más allá.

  2. #102 donreposado dice:

    Dicho sea de refilón, veo que usted, en su discusión paralela con otra persona de este foro, sostiene que los términos “bueno” o “malo” no son racionales. Permita que disienta, y profundamente: La filosofía moderna, que se pretende racional, también habla de ética y moral. ¿Porqué no? Eso si, para ello no usa el método científico, que no debe de entrar en estas cuestiones, pero no por ello dejan de ser cuestiones perfectamente debatibles desde la razón.

  3. #103 Facebook User dice:

    Yo le propongo que diferenciemos claramente lo que son hechos de interpretaciones. No dudo que la naturaleza de los hechos en los que usted se basa para hacer su interpretación estén ligados al “mundo real”. Pero por eso he querido también aclarar que, desde mi punto de vista, los hechos en los que se basa el creyente para hacer su interpretación del mundo son tan “reales” como los otros, pues a mi modo de ver se basan en experiencias vitales (reales como la vida misma) y que lo de la paloma que deja embarazada y demás es pura decoración y no fundamento de la creencia.

    Además, no creo que esos hechos sean inaprensibles para otros, pues usted también nace y muere y esas cosas. Lo que si que puede resultar inaprensible son las interpretaciones que hagan de dichos hechos. De hecho, no sé hasta que punto los hechos nunca pueden ser subjetivos, como usted afirma en su último mensaje (lo que puede ser subjetivo es el cómo has vivido el hecho, pero ahí volvemos a entrar en el dominio de la interpretación).

    Sobre lo de imponer a los demás las interpretaciones propias, pues como que no me gusta un pelo. Aun así, a nivel personal, la gente que conozco que son creyentes (tampoco son muchos, la verdad) no ha intentado nunca, se lo aseguro, imponerme las conclusiones ético-morales que extraen de sus interpretaciones. Tampoco creo que los no creyentes vayan imponiendo sus conclusiones ético-morales que se desprenden de sus interpretaciones a los que si que creen.

    Sobre el cómo argumentar el derecho de las mujeres a interrumpir el embarazo, yo le sugiero que lo haga a partir de principios éticos. El principio de autonomía, como ejemplo. Puede acompañarlo también de intentar hacer ver a la otra persona de que la religión, su religión, no se ha opuesto siempre al aborto ni ha defendido siempre que el alma se crea en el momento de la fecundación. Si la otra persona consigue entender que se trata de una interpretación de la realidad y, como tal, es su interpretación y por lo tanto no se puede imponer al otro, no le costará entender que cada uno debe escoger, elegir, dependiendo de sus propias creencias (interpretaciones), y no a partir de las ajenas. Creo que intentar convencer desde esa postura es más ético incluso que no defender el derecho al aborto a partir de la superioridad de unas interpretaciones frente a las otras.

    Y todo ello sin considerar que los argumentos metafísicos sean equiparables a los racionales. Pero no son equiparables porque hablan de cosas, de ámbitos, completamente diferentes. No porque uno sea superior a otro y por eso no se puedan equiparar. No se puede equiparar la velocidad con el tocino no porque la velocidad o el tocino sean mejores, sino porque pertenecena a ámbitos diferentes. Si entendemos por argumentos racionales la “aplastante” lógica, debo decir que ésta no deja de ser un camino; no, no es un lugar habitable. La lógica es el camino que lleva, pero ese camino, se lo aseguro, llega a muchas, a casi todas, partes (sean “la Verdad” o meras “falsedades”) -yo también me permito citar ahora a, creo, Wittgenstein 2a parte y sus juegos del lenguaje-.

    Afirma luego que los argumentos o afirmaciones del creyente deben ser apartadas del debate o espacio público. Y yo no estoy de acuerdo, pues dependerá del ámbito del que se esté discutiendo. Estoy de acuerdo en que no procede legislar, por ejemplo, según un principio religioso. Por el principio ético de autonomía al que hacía referencia antes en primer lugar. Pero por eso mismo estoy a favor de legislar concediendo derechos, para que la gente gane en autonomía, y no penalizando. Tampoco me engaño y soy consciente, por otro lado, que todo sistema jurídico se basa en interpretaciones, creencias (y por eso mismo abogo a favor de una legislación no restrictiva, que conceda derechos y cada uno decida si se acoge o no a ellos). A priori, y a bote pronto, querer eliminar la opinión de los creyentes del debate público (y digo la opinión, no la imposición), me parece una medida restrictiva y, por eso mismo, y de forma general, no deseable.

    Respecto a su afirmación inicial y el test de falsabilidad, su frase ha sido, literlamente: “la religión es en su misma raíz sinrazón, fe ciega y negación de lo que nos dicen los sentidos”. Desde mi punto de vista la frase contiene tres afirmaciones: 1- “la religión es desde su fundamento sinrazón”, 2- “fe ciega”, y 3- “negación de los sentidos”. Y de verdad que no veo qué test puedo hacer para saber que TODA religión (o creencia) sea una negación de los sentidos, por ejemplo; o que no sea posible ser creyente y, al mismo tiempo, albergar alguna duda al respecto y, por lo tanto, no basarse en la fe ciega. Podría creer en su afirmación, pero en este caso también se trataría de fe por mi parte. El test que usted me propone que haga viene a ser como si el que afirma que llueve por voluntad de dios me requiere que le traiga un sólo ejemplo de un día que o fue la voluntad de dios la que hizo que lloviera y que, de no traerle ese ejemplo, es cierto que siempre llueve por voluntad de dios.

  4. #104 donreposado dice:

    “Yo le propongo que diferenciemos claramente lo que son hechos de interpretaciones”

    ¿Y cómo explicar los unos de los otros? Sin usar conceptos abstractos es imposible sacar conclusiones operativas a nivel racional, a cualquier nivel. Esa diferenciación me parece muy bien, pero poco útil si quiere llegar a algún tipo de conclusión sobre el tema, me temo: La simple selección de hechos es, de por si, una interpretación. Me parece mucho más útil (bueno, siguiendo con la humildad debida, a mi y al pensamiento moderno, no es creación mía) la diferenciación propuesta por mi.

    “desde mi punto de vista, los hechos en los que se basa el creyente para hacer su interpretación del mundo son tan “reales” como los otros, pues a mi modo de ver se basan en experiencias vitales”

    Son reales en cuanto a experiencia, vital o no. Ahí se acaba el consenso que se puede conseguir con el no creyente, y ahí debería de acabarse el trato que podría exigir el creyente: Entiendo que un creyente pueda pedirme el derecho a tenerlas, pero nunca debería de poder sacar de ello conclusiones que se deban imponer a los demás, por cuanto la base es subjetiva per se.
    Espero que esta vez me esté explicando bien, creo que no lo acabo de hacer, leyendo su respuesta.

    “lo de la paloma que deja embarazada y demás es pura decoración y no fundamento de la creencia”
    Comentando el detalle de paso, quizás sea así para usted, le recuerdo que esa “decoración” forma parte del dogma católico. Eso no lo digo yo, lo dice la iglesia. Igual criterio se puede aplicar al resto de religiones monteístas, por cierto: Esos elementos que usted considera decoración están en el mismo corazón de las religiones, según ellas mismas.

    “no creo que esos hechos sean inaprensibles para otros”
    Para mí lo es la experiencia religiosa, el resto de este párrafo, lamento decirle, no lo entiendo, yo hablo de esa experiencia como fuente de conocimiento y de postulados vitales que se pueden o dejan de poder imponer a los demás.
    Le puedo asegurar que no creo en Dios ni creo que lo haga nunca, asi que me resulta una experiencia inaprensible.

    “Tampoco creo que los no creyentes vayan imponiendo sus conclusiones ético-morales que se desprenden de sus interpretaciones a los que si que creen”
    Me parece que está usted, si me lo permite, entremezclando dos asuntos muy diferentess: Su propia experiencia y lo que yo pretendía discutir, que es algo más abstracto. De entrada habría, entonces, que delimitar el ámbito de discusión. Cuando hablo de imposiciones a los demás estoy, de hecho, hablando de algo ovbio: Toda ley está pensada para ser impuesta a los demás. El resto de conclusiones, las que no tienen implicaciones hacia los demás, me resultan indiferentes, al menos en esta discusión. Toda ética es, por definición, una serie de normas que todos deberían seguir. ¡Espero que en eso esté de acuerdo conmigo¡ Si no no es ética, es opinión, o gusto. Entonces, el creyente, que construye su visión del mundo con su fe como uno de los pilares fundamentales, condiciona su ética partiendo de unos hechos subjetivos, su fe, y de esa fe saca afirmaciones éticas que considerará de aplicación universal.
    Que nuchos cryentes lleguen, siguiendo ese camino, a conclusiones parecidas a las mías, no deja por ello de ser peligroso: Si mañana su fe varía de dirección de manera arbitraria, porque su experiencia subjetiva varía, también lo hará su ética, y podría intentar imponerme, por ejemplo, la idea de que una célula fecundada posee alma, algo inabordable por la razón.
    Por eso digo que el debate ético debe de ser racional, y contar solamente con los datos contrastables como elementos a tener en cuenta. Y por eso toda religión trata de imponer sus creencias, aunque sea de manera indirecta: Sus conclusiones éticas, sean las que sean, nunca serán discutibles desde fuera. Por propia definición.

    PRimeramente, en el siguiente párrafo, me insta a usar una serie de argumentos sobre el asunto del aborto; creo que no me expliqué bien, se trataba de un ejemplo, pero entrando en él, ¿Porqué debería yo de argumentar contra alguien que desea imponerme sus creencias religiosas? En un estado laico, sencillamente, él debería de probar que existen esos entes llamados “alma”, que hacen que se debiera variar una política de derechos de la mujer que, desde luego, contemplaría su derecho a gestionar su cuerpo. La utilidad, eficacia o no de los argumentos que me comenta es, de hecho, otro asunto en el que ahora preferiría, si no le importa, no entrar, se sale del término, y ya estamos tocando muchos puntos interesantes, al menos para mí. Solo emncionar otro detalle de este párrafo:

    “Creo que intentar convencer desde esa postura es más ético incluso que no defender el derecho al aborto a partir de la superioridad de unas interpretaciones frente a las otras”
    Disiento: Creo que es más ético, por contra, dar por sentados los derechos fundamentales, por ejemplo el derecho a decidir sobre la propia vida, y dado que los fetos no son sujetos de derecho al no ser personas, establecer la carga de la prueba en el sitio adecuado: Cuando algún partidario de la restricción de los derechos me demuestre que una célula fecundada es una persona entonces admitiré discutir el recorte de derechos de esa otra persona que lo es de manera indiscutible: La madre.
    Esta es, por ejemplo, una de las conclusiones que se derivan de una ética laica como la que le propongo.
    En el siguiente párrafo confunde usted, me temo, la lógica como método y la realidad como punto de partida. Se puede razonar sobre Dios, pero la idea de Dios no pertenece a la realidad tangible y demostrable. Esa es la diferencia fundamental entre ambos ámbitos. Si alguien considera alguno de ellos superior o inferior es, de hecho, secundario: Lo cierto es que el consenso entre todos solo se puede conseguir si nos limitamos a los datos reales como punto de partida y a la razón como método, no sirve lo uno sin lo otro. Los experimentos científicos están al alcance de todos, la razón la compartimos creyentes y no creyentes. Meter en esa ecuación la fe es como si le dijera que me apasiona el color rojo y considero que usted debería de vestirse de ese color: Sencillamente, no procede.
    “Estoy de acuerdo en que no procede legislar, por ejemplo, según un principio religioso”
    No considero relevante ningún otro asunto al respecto. Lo que le discuto es que, precisamente, cualquier creyente considera lo contrario. Volviendo al ejemplo, si crees que una célula fecundada es una persona, asignarle los mismos derechos que a cualquier otro se desprende inevitablemente, sin ninguna duda. O se permite al religioso serlo cuando se legisla, y entonces se debe de prohibir el aborto, o no, y entonces deberá de argumentar desde la razón y la realidad tangible.
    Sin duda, se desprende de mi párrafo anterior, la religión siempre será un obstáculo para ello, porque siempre se propone como una visión global del mundo, haga o no afirmaciones sobre el mundo real siempre tiene implicaciones éticas. Generalmente, además, también tiene implicaciones sobre objetos de la ciencia, como podemos comprobar con el renaciente creacionismo, o la polémica de la eficacia de los condones, o todos los asuntos relacionados con la fecundación asistida, que la iglesia se empeña en enturbiar en la medida de lo posible para hacer encajar la realidad con sus dogmas. Pero incluso una fe lo más abstracta y deísta imaginable tiene consecuencias éticas basadas en la sinrazón.
    “querer eliminar la opinión de los creyentes del debate público (y digo la opinión, no la imposición), me parece una medida restrictiva y, por eso mismo, y de forma general, no deseable”
    ¿Quién lo pide? Solo digo que las leyes deben de ser laicas, no como en la actualidad. Si después un creyente quiere argumentar en contra que lo haga, pero desde la laicidad como norma. No es el caso. Y desde luego los argumentos religiosos están fuera de lugar por pura lógica: Si alguien cree que se deberían de prohibir las patatas fritas por el colesterol y sus efectos negativos está haciendo una afirmación discutible, racional y admisible. Si lo hace afirmando que su dios lo prhíbe considero su discurso irrelevante y fuera de lugar: No debería de ocupar, por ejemplo, espacio en medios públicos, ni en un congreso de diputados, o cualquier otro espacio que pagemos entre todos. Si después funda una cadena de televisión para pontificar contra las patatas… No tengo nada en contra, por supuesto.

    “El test que usted me propone que haga viene a ser como si el que afirma que llueve por voluntad de dios me requiere que le traiga un sólo ejemplo de un día que o fue la voluntad de dios la que hizo que lloviera y que, de no traerle ese ejemplo, es cierto que siempre llueve por voluntad de dios”
    ¿Ha oído usted hablar de la prueba diabólica? El test que yo le propongo no es equiparable al que usted menciona, no entiendo cómo puede confundirlo: Basta un solo ejemplo para que tenga que introducir una excepción en mi afirmación. Que haya creyentes con dudas no afecta a la naturaleza de la religión, aparato teórico que sostiene como positiva la fe ciega. Afirmar que se basa en la fe ciega no es algo que se rebata mostrando un creyente con poca fe: La relgiión postula que ese creyente es mal creyente, no buen creyente. El que afirma que llueve por voluntad divina debería de probarlo, no yo lo contrario. Por mi parte he demostrado mi afirmación sacando a colación afirmaciones del aparato oficial de la iglesia católica, su catecismo sin ir mas lejos afirma que
    386. ¿Qué es la fe?

    La fe es la virtud teologal por la que creemos en Dios y en todo lo que Él nos ha revelado, y que la Iglesia nos propone creer, dado que Dios es la Verdad misma. Por la fe, el hombre se abandona libremente a Dios; por ello, el que cree trata de conocer y hacer la voluntad de Dios, ya que «la fe actúa por la caridad»
    Y no se engañe, las virtudes teologales son:
    384. ¿Qué son las virtudes teologales?

    Las virtudes teologales son las que tienen como origen, motivo y objeto inmediato a Dios mismo. Infusas en el hombre con la gracia santificante, nos hacen capaces de vivir en relación con la Santísima Trinidad, y fundamentan y animan la acción moral del cristiano, vivificando las virtudes humanas. Son la garantía de la presencia y de la acción del Espíritu Santo en las facultades del ser humano.
    Si eso no es una afirmación de prioridad de lo irracional sobre lo racional leeré con gusto su análisis de esos textos.
    Gracias de cualquier manera por su tiempo.

  5. #105 Ya no sé ni quién soy pero llámenme Doña dice:

    #99 ʇǝʞᴉlod dice:

    #96 Ya no sé ni quién soy pero llámenme Doña

    Le aseguro que como muy pocos ajos, por no decir ninguno. Al mismo tiempo, no creo haber insultado a nadie. De hecho, me parece que no me he dirigido en ningún momento al que hablaba, sino más bien a lo que se decía. Y afirmar en nombre de la razón que el creer en un dios hace que acabes estampando aviones contra edificios o quemando gente, y creerse abanderad@ de la razón por decirlo, me parece cuanto menos irracional (o estupido). Si me quiere decir que se empieza subiendo uno en un avión y luego acaba estampándolo, pues como que le veo más correlación que a lo que usted ha dicho, pero aun así sigo sin ver la relación causal que tendría que hacer de esa frase algo racional.

    Vamos, que creo que se le ha ido la mano aplicando su sentencia, en plena plaza pública. Para querer salvar a otros de la quema mediante la razón, se ha lucido.

    A ver amigo: quien quiera creer (en lo que sea) que crea. Pero no me niegue usted, a estas alturas de la jugada, que, en nombre de la fe y de la religión (amaos los unos a los otros), se han cometido crímenes horrorosos.

    Cualquier creencia de esas que no dejan huecos a la posibilidad de cuestionamientos, cerrada y llevada al extremo es un peligro. Incluso las creencias laicas, que mire usted a los seguidores de Hitler y la supremacía del pueblo germánico.

    Y le hace gracia a usted la búsqueda que le recomiendo sobre guerras de religión actuales. Bueno. Le copio de Wikipedia algo sobre el Fundamentalismo islámico:

    La expresión fundamentalismo islámico se utiliza en Occidente para describir a diferentes corrientes políticas o políticorreligiosas ligadas al islam, a las que se designa también con otros términos como integrismo islámico o islamismo;[1] cuya rama más violenta se denomina yihadismo y que local o particularmente se expresa movimientos como el talibán, en interpretaciones rigoristas como el salafismo, e incluso en regímenes políticos como la República islámica (Irán o Sudán) o (de un modo menos obvio dada su estrecha alianza con los Estados Unidos) la monarquía saudí y las del Golfo Pérsico. Se trata de movimientos con características distintas y a menudo opuestos, pero los términos con que se denomina en occidente a unos u otros tienden a confundirse y a intercambiarse; a lo que ayuda la visualización de elementos como la aplicación de la ley islámica (Sharia), la no distinción de los ámbitos civil y religioso o de clero y seglares, la imposición general de las prescripciones religiosas (prohibición de alcohol), el papel e incluso la vestimenta de la mujer (hiyab, burka, mujeres en Irán, feminismo islámico), el tratamiento de los homosexuales, escándalos puntuales que afectan a la relación entre Islam y Occidente, como la condena a Salman Rushdie, el asesinato de Theo van Gogh, o las revueltas por las caricaturas de Mahoma; los atentados que han tenido como objetivo ciudades occidentales (11-S de 2001 en Nueva York, 11-M de 2004 en Madrid y julio de 2005 en Londres) y las guerras de Afganistán e [[guerra de Iraq|Irak].

    Y del otro lado, por ejemplo, podríamos hablar de Bush -por abrir boca-, tipo del que sabemos que mantiene conversaciones con Dios.

    Pero vamos, no creo que todos los que ruegan a Dios vayan dando con el mazo, sólo algunos que hacen, dicho sea de paso, mucho daño.

  6. #106 Ya no sé ni quién soy pero llámenme Doña dice:

    Y, además, Dolket, se me olvidó decirle que, racionalmente hablando, estrellar un avión contra unos edificios para asesinar personas, poner bombas en trenes (o en el lugar que sea) para asesinar personas, quemar vivos a los que piensan distinto, lapidar para asesinar personas es malísimo

  7. #107 poliket dice:

    #104 donreposado

    Le pido disculpas por contestar tan tarde. Me ha sido imposible encontrar el momento de sentarme a responder. Espero que ese lapsus no le haya quitado las ganas y el interés de seguir con la interesante conversación.

    Entrando en materia, es cierto, estoy de acuerdo, que el hecho de mirar una cosa de una cierta manera exige ya una intuición, un posicionamiento previo, una interpretación a priorística… si no, no sabemos mirar. Como bien dice, con sólo y puramente hechos no hay conocimiento. Por eso no pretendo decir que sus argumentaciones (tampoco la frase inicial de “la religión es en su misma raíz sinrazón, fe ciega y negación de lo que nos dicen los sentidos”) fueran falsas o no válidas. Lo contrario; simplemente quería decirle que las interpretaciones de otros son igual de válidas que las suyas…

    … siempre y cuando, me reitero, no se pretendan imponer a nadie, porque para imponer ninguna es válida…

    Tampoco estoy de acuerdo con algo que lo que le parece obvio de que “toda ley nace para ser impuesta a los demás”. No. Creo que podemos tener esa visión de lo que es un sistema de leyes a causa de nuestro pasado, donde las leyes han servido antetodo para imponer. Pero no tiene porque ser así. Toda ley no es una imposición. Hay leyes que no imponen, sino que ofrecen garantías y posibilidadas. Si alguien replica que ofrecer un derecho es “imponer” la posibilidad de ejercer dicho derecho, entonces yo respondería que, como puede ser el caso de los antiabortistas, hay un problema de interpretación, de ver y leer imposiciones por todas partes. Tampoco estoy de acuerdo en que “toda ética sea un conjunto de normas que todos deberían seguir”. La ética es el conunto de reflexiones sobre aspectos morales en el que cada uno se instala, de alguna forma, a vivir. La ética es, en cierta forma, el arte de vivir que cada cual se cocina, más que una serie de prescripciones, normas o conductas, a las que hay que atenerse. Según la visión que usted ha expuesto de lo que es la ética, y si se me permite la licencia, ¿le parece ética esa visión? ;)

    Volviendo al tema, hay otros puntos de su discurso en los que no estoy de acuerdo (por ejemplo, sigue utilizando la expresión “hechos subjetivos” cuando los hechos por definición no pueden ser subjetivos, sólo las interpretaciones que, al mismo tiempo, siempre son subjetivas; no pueden ser de otra forma). Pero, si me permite, no voy a entrar a enumerarlos y contraargumentarlos; perifero sintetizar un poco. No sé si me será fácil demostrar o estará de acuerdo en que, de los dos, el que está defendiendo más una postura impositiva es usted. Ante el peligro de que alguien, un creyente, le imponga una visión o conlusión basada en interpretaciones irracionales, usted defiende el derecho a imponer su visión pues afirma que ésta se nutre de lo racional. Yo no estoy de acuerdo en esa base “racional”, donde el epíteto se me aparece como un disfraz para subir sus argumentos un peldaño por encima de los del otro (y la verdad es que es un disfraz que hoy en día da bastante el pego). Pero igulamente no me interesa poner el acento en si sus conclusiones son irracionales o no (ya lo he intentado explicar; aunque no sé bien bien cómo me ha salido la cosa). Donde yo prefiero poner el acento, frente a la imposición que puedan ejercer unos, es en atacar toda imposición. Creo que es una defensa mucho más asentada y en la que es posible, más fácil diría, encontrar el consenso que usted busca. Creo más correcto no deslegitimar ninguna postura (pues realmente no hay motivo), no eliminar ningún argumento, sino añadir argumentos a la visión del mundo y la realidad del otro. Y no es sólo por motivos “éticos”, sino también a nivel práctico: respetar el punto de partida del otro, en vez de destruirlo y aplastarlo, por mucho que pensemos que nuestra visión es superior a la suya, siempre hará más fácil y posible el camino hacia el consenso.

    … Y creo que en la imposición está la clave.

    Habla usted también de “ética laica”. Y parece que, desde su punto de vista, uno de los pilares de la ética laica es su posicionamiento a partir de las pruebas que pueda aportar la ciencia; y vuelvo a no estar de acuerdo (aunque sea un pensamiento largamente extendido; es muy superficial e ineficiente). La ética laica y la bioética como ejemplo, en muchos casos, en la mayoría, debe posicionarse sobre aspectos futuros o posibles en los que la Ciencia no tiene respuesta. ¿A partir de qué principios se posiciona entonces la ética laica si no tiene pruebas o demostraciones científicas a las que aferrarse? Por encima de las demostraciones científicas de ciertas interpretaciones, uno de los cuatro pilares de la ética láica (para mí el más importante, pero eso ya va a gustos) es el principio de autonomía.

    Y es a partir de ese principio, y de la ética laica a la que hacía referencia usted, que creo que se puede llegar al consenso con creyentes de toda índole. Y es a partir de ese principio también que reacciono contra la imposición de sus argumentos, por muy racionales o superiores que usted crea que son.

    ¡No puede afirmar que sólo se llega al consenso si sólo tenemos en cuenta su visión del mundo! :) Pero si que puede si hace ver al otro que su visión está muy bien, y que la respeta, pero que no todos tienen esa visión y por eso no se puede derivar ningún precepto impositivo (ni) de su visión (¡ni de la propia!). La ética laica lava más balnco de lo que usted cree. Principio de autonomia.

    A modo de post-scriptum y ya derivando por otros derroteros, yo, como usted, tampoco creo en Dios. Soy profundamente ateo y creo que siempre seré ateo también; como usted. Sin embargo, si que creo que a la ora de legislar se han de tener en cuenta los puntos de vista de los creyentes. Por ejemplo, y sin esgrimirme mucho la mollera para encontrar mejor ejemplo, me parece de fábula que la ley contemple (como contempla el derecho a tener un trabajo y una vivienda) el derecho de todo ciudadano a ser enterrado según el rito de la religión que procese, si procesa alguna. Espero que le sirva como ejemplo de que los argumentos que usted califica de irracionales del creyente, la visión del mundo que se desprende de sus creencias, son dignos de teneerse en cuenta a la hora de legislar, son dignas de formar parte de lo público. Todo lo que sea no imposición, reconocer derechos, bienvenido sea.

    Espero sinceramente que el tiempo que eh tardado en responder no le haya enfriado el ánimo de continuar con la conversación y, si fuera el caso, agradecerle el tiempo que ha dedicado a leerme y contestarme; habrá sido un placer por mi parte.

  8. #108 poliket dice:

    #105 Ya no sé ni quién soy pero llámenme Doña

    Creo que confunde “fundamentalismo” con “creencia”. A los fundamentalistas también les pasa.

    “Pero vamos, no creo que todos los que ruegan a Dios vayan dando con el mazo, sólo algunos que hacen, dicho sea de paso, mucho daño.”

    Pues ahí estamos, no colaboremos nosotros con el daño que hacen!

    Por último, se puede usted poner como quiera, pero racionalmente, si sólo nos basamos en la razón, las cosas no pueden ser ni malas ni buenas (sin más). La razón puede hablarle de eficiencias, y entonces podrá decirle, dependiendo del objetivo, si un acto es bueno o malo para conseguir o no tal objetivo. Pero “lo bueno” y “lo malo”, racionalmente, lo siento, pero no existen.

    -que no existan tampoco es “malo”- ;)

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