La policía dominicana logró en la noche del jueves (madrugada del viernes en España) un gran éxito en la lucha contra el terrorismo internacional y nadie, tan ocupados todos de lo que dice, hace, piensa, come y descome Barack Obama, lo ha destacado. La policía dominicana, con gran riesgo y valor, logró interceptarme una peligrosa botella de ron haitiano Barbancourt de ocho años (valorado en unos 20 euros) que me habían regalado Mat y Pascal, mi conductor y traductor en Puerto Príncipe. La agente se mostró firme, insensible ante mis ruegos primero y mis amenazas después de bebérmela de un trago, o varios, que tampoco hay que exagerar. “Son las normas internacionales”, dijo. “Las normas son absurdas. ¿Cómo es posible que no pueda pasar ron por este control y 10 metros más allá pueda comprarlo y volar sin riesgo para nadie. ¿Le ve alguna lógica?”, afirmé más que preguntar. Ella, con un gran sentido del guión, añadió: “Son las normas internacionales”. Y ya está. Fin de la discusión si no quieres ampliar tus problemas aduaneros a otros contenidos del equipaje.
Un ejercicio de agudeza visual: ¿cuál de estos dos Revertes es el verdadero?
Mi memoria histórica tiene tres mil años, ¿sabes?, y el problema es que la memoria histórica analfabeta es muy peligrosa. Porque contemplar el conflicto del año 36 al 39 y la represión posterior como un elemento aislado, como un periodo concreto y estanco respecto al resto de nuestra historia, es un error, porque el cainismo del español sólo se entiende en un contexto muy amplio. Del año 36 al 39 y la represión posterior sólo se explican con el Cid, con los Reyes Católicos, con la conquista de América, con Cádiz… Separar eso, atribuir los males de un periodo a cuatro fascistas y dos generales es desvincular la explicación y hacerla imposible. Que un político analfabeto, sea del partido que sea, que no ha leído un libro en su vida, me hable de memoria histórica porque le contó su abuelo algo, no me vale para nada. Yo quiero a alguien culto que me diga que el 36 se explica en Asturias, y se explica en la I República, y se explica en el liberalismo y en el conservadurismo del XIX… Porque el español es históricamente un hijo de puta, ¿comprendes?
Madrid, viernes, 19 de febrero. 7 de la mañana. A un lado del accidente hay un ciudadano que ha madrugado para ir a trabajar. Al otro, hay un diputado que ese día no trabaja, que se puede permitir salir toda la noche de copas, que ya dormirá por la mañana. En esta metáfora tan bonita de la España moderna, de esa injustificadísima mala imagen que tiene la sociedad de los políticos, hay también un trabajador embestido y un diputado que embiste; un conductor que da 0.0 en la tasa de alcoholemia y otro que duplica el máximo permitido; que ahora se enfrenta a un juicio porque lo suyo es, literalmente, de delito.
“Todo el mundo tiene errores en la vida, son errores humanos, y es digno hacerle el reconocimiento por haber pedido disculpas (…) Si todos los diputados van a tener que dejar el escaño por una cuestión así me parece una exageración (…) “Si todos los diputados tuvieran que hacer la prueba de alcoholemia… ya sabemos como se pasan esas pruebas”
Hat trick contra Garzón, y está última querella es la que lo explica casi todo. Los imputados de de la Gürtel, esos inocentes, buscan el defecto de forma http://bit.ly/d6ULqp
En la reserva espiritual de Occidente, las responsabilidades políticas son asimétricas, como los embudos. Para los amigos, el lado ancho; para los enemigos, el estrecho. Así vivimos en un país donde el primer y único político que dimitió por el desastre del Prestige fue el socialista Antonio Carmona, que dejó su escaño en la Asamblea de Madrid por bromear –en una conversación privada, como la de Aguirre y el hijoputa– con hundir otro barco. Lo mismo pasó con la Gürtel, donde la primera dimisión, la de mayor peso político hasta la fecha, fue la del ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, que cazaba por allí.
Querido amiguito del alma. Gracias a la prensa, que me ha dado tanto, he sabido de sus penurias económicas. Debe de ser difícil llegar a fin de mes nada más que con los ingresos de la farmacia de su mujer en el centro de Valencia y su modesto sueldo de unos 80.000 euros al año. Así que no me extraña que en el banco sólo guarde 900 euros a su nombre y otros 1.350 a medias con su santa en otra cuenta. Sólo dios sabe –porque la Generalitat no los detalla– los gastos a los que obliga la pesada losa de su cargo, donde apenas le pagan el coche oficial, todas las comidas y varios pluses y complementos. Así no hay quien viva si no es zurciendo pantalones y haciendo croquetas con las sobras del cocido. Normal que se vea obligado a conducir un coche de hace 15 años con más pegatinas de la ITV en el parabrisas que medallas en la pechera de un general retirado; ahora entiendo también su capricho por montarse en un Ferrari, aunque fuese sólo una vez.
Dice Esperanza Aguirre que si Zapatero quiere consenso, que tome dos tazas. Que nombre un Gobierno de unidad nacional con dos Ministerios para el PP. “El de Economía para Cristóbal Montoro y el de Trabajo para Javier Arenas”, bromea la lideresa, todo humor y toda gloria. Es el último requisito que exige el PP para remar con el resto contra la crisis. Si repasamos la lista, además de esas dos carteras, hace falta también: a) que los socialistas desbanquen a Zapatero y nombren un nuevo líder (como Rajoy, por ejemplo, aunque Aznar también les puede valer); b) que el Gobierno renuncie a toda su política económica anterior y pida disculpas públicas por su calamitosa gestión; c) que el PSOE aplique las propuestas económicas del PP, esas grandes desconocidas; y d) que le digan al Rey que por qué no se calla. Como ven, aquí el que no pacta es porque no quiere.