mar 31 2010
Jaume Matas no se puede quejar, que los tres millones de euros de fianza son sólo lo que vale una de sus cuatro casas conocidas. “Dada la gravedad de los hechos, bien puede darse por satisfecho”, dice el juez José Castro en un auto que hay que leer porque nadie desde que Bigas Luna rodó Huevos de oro, nadie desde que Berlanga filmó La escopeta nacional, había retratado tan bien el milagro español, nuestra tragicomedia. El ex ministro de Aznar, el dos veces presidente de Baleares, desvió 41 millones de euros –6.821 millones de pesetas, que se dice pronto– para levantar un velódromo que ni siquiera está homologado para competiciones oficiales. Su pirámide ponzoñosa bien se merece una placa; un lema en el frontispicio, como el “Todo por la patria” de los cuarteles de Luis Roldán: “El PP es incompatible con la corrupción”.
Pero que Jaume Matas esté a una letra de distancia de que lo colisione el LHC con los demás hadrones ya ni siquiera es noticia. La novedad del auto de ayer es que no estamos sólo ante la clásica historia de la oveja negra, de ese pobrecito que roba porque la tentación es muy grande. Y una mierda, con perdón, de esas que no se limpian ni con una escobilla de retrete de 375 euros. Sobre la mesa del juez no sólo hay lucro personal, también financiación ilegal del PP con un esquema muy parecido al que ya asoma en otros gobiernos autonómicos incompatibles con la corrupción. El PP no sólo pecó en su falta de vigilancia; que Matas mantuviese su carné del partido hasta anteayer o que cobrase tras dejar su cargo son sólo el enésimo chiste. La pregunta es otra: ¿se hará responsable el PP de los 41 millones robados desde su sede, bajo sus siglas y en su nombre? De momento, el pastor Rajoy guarda silencio sobre su rebaño.


