abr 19 2011
Interesantísimo: Quiebra moral de la economía de mercado, por Antón Costas.
abr 19 2011
Atención, pregunta. ¿En qué se parece el colapso de Fukushima y la quiebra del sistema financiero mundial? En que estas dos catástrofes eran imposibles. En que no podían suceder o siquiera existir, como los unicornios, los dragones o los concejales de urbanismo honrados. En que en ambos casos nos mintieron (¿en cuántos más no lo harán?). En que aquellos que ganaban con la ficción de la infinita seguridad de las infalibles centrales nucleares, o con la trola de la absoluta bondad de los mercados financieros completamente desregulados, convencieron a la sociedad de que sus teorías eran ciencia probada. En que les ayudaron carísimos “expertos” vendidos al mejor sueldo, y que hoy ni siquiera admiten sus errores. En que aquellos que cuestionaban estos dogmas eran tachados de locos, de trasnochados, de irracionales, de apocalípticos o de idiotas. En que los beneficios de esas mentiras fueron privados, pero sus pérdidas son públicas, y las vamos pagar entre todos durante años. En el caso de Japón, durante siglos.
Hay quien dice que Fukushima va a marcar el principio del fin de la energía nuclear en el mundo; que no habrá una cuarta oportunidad para una tecnología que antes falló en Three Mile Island y en Chernóbil. Les recomiendo que busquen en la hemeroteca lo que se publicó en 2008 a cuenta de la quiebra de Lehman Brothers y el hundimiento de las catedrales de Wall Street, una estafa global de la que aún no nos hemos recuperado y que no sólo ha quedado impune, sino que ni siquiera se han tomado las medidas necesarias para que no vuelva a suceder. ¿Es porque el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra? No sólo: es porque hay piedras que son de lo más rentables (para algunos).
abr 18 2011
(Publicado por primera vez en septiembre de 2008, unos días después de la quiebra de Lehman Brothers)
Hay una viñeta de Tintín que describe muy bien qué ha sucedido en los mercados financieros durante los últimos años. Es uno de los gags de “Aterrizaje en la Luna”. Tintín avisa a la tripulación, que flota ingrávida, de que en pocos segundos el cohete entrará dentro del campo de gravedad de la Tierra. “Sujetaos a algo”, grita Tintín. Y los inefables detectives Hernández y Fernández obedecen. Hernández se agarra a Fernández. Fernández se aferra a Hernández. Y, cuando la gravedad regresa, ambos se van al suelo.
La explosión de la burbuja inmobiliaria ha recordado al mercado la manzana de Newton: que lo que sube tiene que bajar. “Hemos llevado al capitalismo a su perfección, hemos acabado con el riesgo”, presumía hace unos años un bróker de la City londinense. El invento, sobre el papel, parecía bueno. El riesgo también se puede vender, y sobre eso se desarrolló el capitalismo abstracto sobre el que se levantaba el castillo de naipes que ahora se ha desmoronado. Doy hipotecas a los que no las pueden pagar, al tiempo que emito un bono (con una rentabilidad menor que el tipo de interés que cobro al hipotecado) que me permita recuperar el dinero lo antes posible y así volverlo a prestar otra vez. Esos bonos de cobro dudoso, los de las hipotecas de los pobres, quedan en teoría compensados por otros más seguros, los de las hipotecas de la clase media. Se mezcla el chóped con el jamón y así el riesgo desaparece; la banca siempre gana y los pisos nunca bajan de precio. Con esa misma fórmula, repetida mil veces, el riesgo se coló en la máquina y ascendió más y más hasta el corazón de las finanzas. Por el camino, una serie de vigilantes privados a sueldo del vigilado (que alguien pruebe ese mismo método en las cárceles, a ver qué tal) certifican que el enfermo goza de buena salud. Todo va bien mientras gira el carrusel. Todo va bien hasta que vuelve la ley de la gravedad –los hipotecados dejan de pagar, primero los pobres pero después también la clase media– y la banca se estrella contra el suelo mientras se pregunta qué paso, si no había riesgo posible. Si AIG Hernández sujetaba a Lehman Brothers Fernández. Y viceversa.
En realidad, ni siquiera es un invento nuevo. Ya pasó otra vez hace poco más de 20 años, en el crash de 1987. En aquella ocasión, los bonos basura –que era como se llamaba a esos bonos de alto riesgo- fueron también una de las causas que llevaron a Wall Street a su lunes negro, el 19 de octubre de 1987: la mayor caída de la bolsa desde 1929. En aquel momento, igual que ahora, se habló de nuevos controles más estrictos para evitar los excesos del capitalismo abstracto. Entonces, igual que ahora, se decía que el mercado había aprendido la lección, que el crash serviría de vacuna para la siguiente fiebre. Es obvio decir que de poco valió.
El capitalismo no es malo, lo han dibujado así. Es el peor sistema económico posible, a excepción de todos los demás. Sí, el mercado libre es la fuerza más poderosa de la galaxia, la búsqueda egoísta de la rentabilidad mueve el mundo, para lo bueno y para lo malo. Pero su voracidad es tan grande que siempre encuentra el camino para sortear –o desmantelar, a través de esa subespecie del poder económico llamada poder político– las regulaciones con las que sus víctimas intentan defenderse de sus excesos. Cada dos o tres décadas, más o menos, el mercado se olvida de que también es mortal, el cielo financiero se desploma sobre nuestras cabezas y hay que ceder al chantaje y pagar con los impuestos los errores de los bancos porque la alternativa es aún peor. Cada dos o tres décadas, la intervención del Estado demuestra ser la única vacuna para salvar al capitalismo de su avaricia caníbal. Cada dos o tres décadas, el libre mercado recuerda, por las malas, que hasta los deportes más agresivos necesitan un árbitro. Y entonces todo cambia para que todo siga igual.
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Este texto es un fragmento de uno de mis artículos dominicales para Público, de septiembre de 2008. Buscando unos datos para mi columna de mañana lo he vuelto a leer; tiene gracia repasarlo casi tres años después.
abr 18 2011
Cuesta encontrar en Europa algún líder político que no aparezca sonriente en esa obra maestra universal de la hipocresía: el álbum de fotos del coronel Gadafi. Es más difícil hallar un político europeo que todavía hoy, cuando el tirano masacra a su propio pueblo con bombas de racimo, califique a Gadafi como “amigo de Occidente”. Hay que venir hasta España para descubrir tal extravagancia porque allá donde ni siquiera se atreve a llegar Berlusconi aparece Aznar, el estadista, para elogiar al sátrapa asesino.
Es también difícil de encontrar un ex presidente al que su salida del poder le haya sentado peor. Sólo así, en ese rencor que no se esconde en montañas o desiertos lejanos, se explica su afán por hundir la credibilidad de nuestra deuda pública y remar por la quiebra de sus propios ciudadanos.
Pero su piropos a Gadafi no sólo se entienden por su resentimiento contra esa amplia mayoría de los españoles que nos opusimos a su Guerra de Irak y su foto de las Azores. La amistad de Aznar suena sincera. Gadafi fue y parece que sigue siendo su extravagante amigo, y no sólo por las obligaciones diplomáticas a las que obliga el cargo de presidente. Es algo personal, aunque también son ya personales sus negocios (o los de su yerno, Alejandro Agag). Tres años después de dejar La Moncloa, en diciembre de 2007, Aznar cenó con Gadafi en un caro hotel de Sevilla. Unos meses después, en 2008, Aznar visitó Libia, donde Gadafi lo agasajó con un banquete en su honor. Así que cuando califica al tirano como “amigo de Occidente” sólo comete un error: confundir sus sentimientos con los de todo el planeta. “Occidente soy yo”, parece decir Aznar, añorando cuando hablaba en el nombre del Estado.
abr 15 2011
En Estrella Digital: Cinco claves sobre las municipales http://kcy.me/2oqf
abr 15 2011
Léxico empresarial: la sutil diferencia entre “pillaje” http://kcy.me/2oqd e “incentivos” (gracias, Nuño).
abr 15 2011
1. Beneficios. El año pasado fueron un 30,8% más hasta los 10.167 millones de euros, récord nacional. Es la mayor pasta jamás ganada por una empresa española en un año de la historia y no sólo sale de Latinoamérica. El 37% del ebitda se gana en España.
2. Directivos. Un jefazo de Telefónica cobra igual que 103,5 de sus trabajadores juntos, y esta proporción no incluye el último superbonus que se repartirán los altos directivos. La compañía gastará 450 millones de euros en un nuevo plan de stock options para sus primeros ejecutivos.
3. Despidos. Y para celebrar el récord de beneficios (y de bonus), Telefónica va a gastar 600 millones de euros en despidos en todo el mundo, 200 millones en España, donde recortará su plantilla en un 20%: 5.600 puestos de trabajo menos.
abr 15 2011
No diga corrupción, diga persecución política. No diga imputados, diga honestos dirigentes. No diga Gürtel, diga si acaso tres trajes. Y por supuesto no se le ocurra decir por televisión que las listas del PP valenciano –sazonadas con muy honorables acusados de prevaricación, cohecho y tráfico de influencias– incluyen a implicados en casos de corrupción porque “tal corrupción no constituye un tipo penal, sino que es una expresión que pretende, de forma deliberada, dañar la imagen pública”. El entrecomillado lo firma el desmelenado PP valenciano. Sale de la delirante denuncia que ha presentado este partido ante la Junta Electoral contra los informativos de TVE, Telecinco, La Sexta y Cuatro por “manipular de forma consciente a la opinión pública”. Por suerte, el PP ha rectificado. Esta vez (para variar), el pulso lo ha ganado Génova y los chicos de Camps han retirado la denuncia. Pero no pierdan de vista el protocolo que ha hecho posible este abuso: puede que no sea el último.
El PP valenciano amparaba su denuncia en la nueva Ley Electoral, cuya reciente reforma no ha valido para que el reparto de los escaños en el Congreso fuese un poquito más proporcional y justo, pero que sí parece servir para que los políticos manden aún más en las televisiones. Dicha ley, pactada entre el Gobierno y la oposición, obliga a todas las teles, tanto públicas como privadas, a cumplir con la “neutralidad informativa” durante las elecciones. ¿Y en qué consiste esa neutralidad? Visto el primer intento, esa nueva y loable objetividad que tan bien suena se parece muchísimo a la vieja censura de toda la vida. Pero, por favor: no diga censura, no lo piense siquiera. Diga mejor neutralidad informativa.
abr 14 2011
El portavoz del PP en Europa, Jaime Mayor Oreja, compara la legalización del PC con el “aterrizaje de ETA” http://kcy.me/2oa2
abr 14 2011
Ahora que no hay dinero para prometer otra pirámide, el faraón Gallardón recurre a la demagogia como estrategia electoral, que es gratis. El alcalde de Madrid ha pedido al Gobierno una ley que autorice a la Policía municipal a sacar a los mendigos de las calles por la fuerza: a barrerlos y realojarlos –quieran o no– en albergues sociales. Como en todo populismo, hay algo cierto en el debate: hay algunos indigentes, normalmente personas con problemas mentales, que duermen en la calle cuando podrían estar mejor en esas camas. Pero la solución para ellos no puede ser un remake de aquella Ley franquista de Vagos y Maleantes que vulneraría la Constitución (lean lo que dice el artículo 19 sobre la libre circulación de las personas).
En la práctica, la ley que quiere Gallardón sólo serviría para echar a los mendigos del centro y que duerman en los guetos de las afueras: barrerlos bajo la alfombra para que no se les vea, como en sus tiempos hacía Jesús Gil en Marbella. ¿O es que Gallardón piensa que las 1.367 camas para indigentes que tiene el Ayuntamiento son suficientes como para dar cobijo a las cerca de 50.000 personas que malviven en las favelas de Madrid, en poblados chabolistas como la Cañada Real o Santa Catalina?
La solución Gallardón para que los pobres no afeen las plazas no es muy diferente a la que antes intentó con las prostitutas. Ni siquiera es novedad el planteamiento franquista. En aquella ocasión, el Ayuntamiento se agarró a una ley de 1948: la Ordenanza del Buen Gobierno de la Villa de Madrid, que permite multar a quienes cometan “actos indecorosos” en la vía pública. Gallardón, ese político supuestamente centrista, siempre recurre a sus clásicos: a su mentor, Manuel Fraga, el de “la calle es mía”.
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Fe de errores La Ley de Vagos y Maleantes fue ampliada y aplicada por el franquismo, pero su primera versión es de 1933, de la II República. Siento no haber corregido antes el error, pero llevo todo el día fuera, en un congreso en San Sebastián. Gracias a los que me habéis avisado y mis disculpas.
abr 13 2011

Como os conté hace unos días, participo en este libro colectivo contra la resignación ante la crisis. Desde hoy, Reacciona ya está en la calle.
abr 13 2011
Se pregunta Stéphane Hessel, el autor de Indignaos, cómo es posible que la Europa derruida y arruinada de la postguerra tuviese la fuerza necesaria para levantar el Estado del bienestar y esa misma Europa, hoy muchísimo más próspera, se vea incapaz de mantener esas mismas prestaciones sociales que tantos tachan de “insostenibles”. Hay quien culpa a la crisis económica de este proceso, pero es una explicación parcial de lo ocurrido. En las últimas dos décadas, tras la caída del Muro de Berlín, muchos gobiernos europeos comenzaron la búsqueda de una tércera vía entre el individualismo estadounidense y el modelo social europeo. La crisis sólo ha acelerado esta contrarreforma, que hacía tiempo que estaba en marcha. Ya no hay nadie prometiendo el paraíso al otro lado del Telón de Acero –aunque ese paraíso nunca existiese–. Ya no hay otro matón en el patio del colegio y la única alternativa que se nos presenta es la pesadilla china.
Irónicamente, la gran debacle del capitalismo desregulado no la está pagando el capital, sino el trabajo. En el año más terrible de la crisis, el 2009, el PIB europeo perdió un 4,1% (en España fue un 3,7% ). Sin embargo, es evidente que la calidad de vida del ciudadano medio ha retrocedido bastante más que ese pequeño porcentaje; más aún en España con sus más de cuatro millones de parados. La diferencia entre lo que caen los grandes números de la macroeconomía y lo que de verdad pierde la sociedad es un beneficio que algunos se están llevando crudo, que nos están hurtando a todos. La crisis está siendo un éxito para unos pocos, y por eso no sorprende que los sueldos de los altos directivos se estén disparando en Europa y EEUU. Por algún sitio tenía que aflorar tanto dinero.
abr 12 2011
Fukushima ya es oficialmente un accidente nuclear nivel 7, como Chernóbil http://kcy.me/2n9h
abr 12 2011
Baltasar Garzón no sólo será la primera y probablemente única persona juzgada por los crímenes del franquismo (por investigarlos, se entiende). También se va a convertir en el segundo en responder ante un tribunal por el caso Gürtel, después del portavoz socialista en Valencia, Ángel Luna. Ambos reos, Garzón y Luna, dan la medida de la justicia en España: dos de las personas que investigaron y denunciaron la ponzoña de la Gürtel se sientan en el banquillo, mientras que los acusados de corrupción, que repiten en la listas del PP, se sentarán en los escaños de las cortes valencianas.
En el caso de Luna, su terrible pecado fue mostrar un informe policial donde se detallaba el cobro de comisiones a cuenta de la visita del Papa a Valencia, una carísima misa que supuestamente permitió a Correa afanar un millón de euros. El contenido de ese informe –que está bajo secreto de sumario– se conocía por los periódicos desde hace dos años, pero Luna cometió el error de mostrarlo en el Parlamento valenciano. Luna señaló la ídem, pero el PP se fijó en su dedo, y le acusa de un delito de encubrimiento por no desvelar quién se lo pasó (ha declarado que llegó en un sobre anónimo). La Fiscalía se opone porque no ve ningún delito, pero el juez lo ha procesado.
En cuanto a Garzón, los imputados de la Gürtel le acusan de prevaricar por grabar conversaciones con sus abogados, una orden que cuenta con el informe favorable de la Fiscalía. El instructor de la Gürtel en Madrid, el juez Pedreira, también ha avalado esas escuchas y la Fiscalía ha calificado esa querella contra Garzón que el Supremo da por buena como un “fraude de ley”. Pese a todo, Garzón será procesado. ¿Y los responsables de la Gürtel? Pues ya veremos.