Definición de agujero negro: aquel cuerpo celeste cuya masa es tan densa que su campo gravitatorio no deja escapar partícula alguna, ni siquiera los fotones de luz. En términos financieros, así se encuentra hoy el Banco de Valencia. Ha aparecido un boquete en sus cuentas de 562 millones de euros, alrededor del 50% de su patrimonio neto; el agujero probablemente es mayor, pero de de entrada ya supera incluso el valor en bolsa del propio banco (364 millones fue el último dato, justo antes de la intervención del Banco de España). ¿A que resulta increíble que esto suceda sin que nadie asuma su responsabilidad? ¿A que parece imposible que nada pueda escapar vivo de allí? Pues se equivocan. Hay políticos, como José Luis Olivas, que son más veloces que los propios neutrinos, más rápidos que la propia luz.
Olivas, cuyo principal mérito antes de dedicarse a las cajas y a los bancos fue presidir la Generalitat Valenciana en el interregno entre Zaplana y Camps, ha sido el presidente del Banco de Valencia hasta hace apenas unas semanas. Tras descubrirse el agujero negro, Olivas dimitió también de la vicepresidencia de Bankia, pero pretende mantenerse al frente de Bancaja, donde lo puso el PP. Tampoco parece tener la intención de renunciar a su generosa pensión.
Ante esta situación, el PP valenciano se ha decidido a actuar. ¿Pretenden exigir alguna responsabilidad a Olivas por hundir esta entidad financiera local? ¿Van a explicar cómo es posible que las tres entidades financieras de la comunidad –la CAM, Banco de Valencia y Bancaja– estén así de mal? Pues no. El presidente de la Generalitat Valenciana, Alberto Fabra, está presionando a Rato para que nombre un nuevo valenciano de los suyos en Bankia y no perder así cuota de poder. La bronca es de tal calibre que el propio Mariano Rajoy ha tenido que intervenir y reunirse de urgencia con Rato, para mediar. Como ven, es todo de lo más liberal.
Lo que hicimos en las urnas tiene su eco en la Generalitat. Crecido por la victoria de CiU, Artur Mas ha anunciado más recortes y amenaza con un nuevo impuesto a los enfermos: el repago sanitario (hay quien lo llama copago y para Mas, en el colmo del eufemismo, es “un ticket moderador”). Por supuesto, estas medidas no estaban en su programa, ni tampoco se plantearon durante la campaña electoral. No era el momento, parece ser.
Mientras en el Congreso buscan cómo acelerar el traspaso de poderes (se han pedido informes jurídicos para que sea antes del 13 de diciembre), hasta los suyos le exigen a Rajoy que adelante unas gotas de su pócima milagrosa: que explique ya su plan. Hay un problema de continuidad, un error de racord, como dicen en el cine. Rajoy se pasó la campaña diciendo que no podía detallar los recortes porque no conocía el estado real de las cuentas (como si no fuesen datos públicos). Era un subterfugio para después exagerar la mala herencia recibida y justificar así los recortes ocultos. Si ahora desenfunda la tijera antes de llegar a La Moncloa, habrá quien le recuerde aquello que prometió en campaña de decir siempre la verdad.
Mañana en el Círculo de Bellas Artes de Madrid estaré con Rosa María Artal en la presentación de su nuevo libro. La entrada es libre y estáis todos invitados.
¿Saben quién prestó dinero a Jaume Matas para que pudiese pagar los tres millones de euros que le exigía la justicia como fianza para no ir a la cárcel? El Banco de Valencia.
¿Saben qué banco pidió hace unas semanas permiso al juez para subastar el palacete de Matas porque el imputado no está pagando ni los intereses de ese préstamo? Por supuesto, el Banco de Valencia.
¿Adivinan quién echó una mano millonaria a una empresa en pérdidas de Antoni Asunción casi al mismo tiempo en que este exministro socialista retirado de la política decidió presentarse a las primarias para “renovar” el PSOE valenciano? El Banco de Valencia.
¿A que no se imaginan tampoco qué banco gestionaba el político del PP José Luis Olivas, que fue presidente de la Generalitat Valenciana casi un año entre Zaplana y Camps? Pues el Banco de Valencia.
¿Saben qué entidad financiera española acaba de ser intervenida tras descubrirse un agujero de mil millones de euros en su balance? En efecto, es el Banco de Valencia.
¿Y a que no adivinan quién va a pagar estos platos rotos? Pues esta vez la respuesta no es el Banco de Valencia: para variar, la fiesta corre a cuenta del FROB, del dinero público, de todos los españoles.
La gran duda, más allá de si alguien en el PP valenciano asumirá alguna responsabilidad por la mala gestión de Olivas (para qué preguntarse aquello de lo que se conoce la respuesta): ¿es también el diminuto Banco de Valencia una entidad financiera “demasiado grande para caer”? Por supuesto, hay que proteger a los ahorradores que tienen allí su dinero, pero ¿por qué hay que rescatar también a los accionistas de este banco, que sólo sufrirán una dilución de su capital y que han estado cobrando dividendos hasta hace sólo un año?
Ironías del sistema electoral español: con menos votos de los que tuvo José Luis Rodríguez Zapatero en 2008, Mariano Rajoy ha alcanzado la mayoría más absoluta que jamás ha disfrutado la derecha en España. Por supuesto, su victoria es legítima y le honra su voluntad de “querer gobernar para todos”. Pero se equivocará el PP si cree que esa mayoría absoluta en el Parlamento es un cheque en blanco de toda la sociedad.
El bipartidismo ha muerto. Ahora llega el monopartidismo: un escenario donde la líder de la oposición al poder de Rajoy va a ser Esperanza Aguirre (o Angela Merkel). Es el resultado de una debacle del PSOE, más que de un éxito arrollador del PP, que apenas ha convencido a medio millón de votos más de los que Rajoy ya tuvo en 2008, cuando perdió. Los socialistas se han estrellado con su peor resultado electoral de toda la democracia, por debajo incluso de los 118 escaños de Felipe en 1977. Retroceden casi cuatro millones y medio de votos. De los añicos socialistas renace IU y crece con fuerza UPyD.
El Parlamento logra un nuevo récord: el de mayor número de partidos con escaño,13 siglas diferentes; más incluso que durante la transición. Son pocos para lo fragmentado que ha quedado el voto de izquierdas, que paga caro su división. Es flagrante la injusticia del sistema electoral y clama al cielo casos como el de Equo, que consigue más de 200.000 votos que no suman siquiera un escaño (sin contar a su aliado, Compromis, que sí entrará).
El hundimiento del PSOE no es sólo responsabilidad del candidato, Alfredo Pérez Rubalcaba; también de la crisis y de cómo la gestionó Zapatero, especialmente durante el último año y medio, desde aquel fatídico mayo de 2010. Pero, ante este desastroso resultado, quien fuera el vicepresidente primero del Gobierno no puede hoy pretender que la inevitable renovación que necesita el socialismo español no pase también por él.
“El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio de las judías, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de las medicinas, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales”.
Artículo 284: “Se impondrá la pena de prisión de seis meses a dos años” a quienes “intentaren alterar los precios” de “títulos, valores o instrumentos financieros” o “ dieren órdenes de operación susceptibles de proporcionar indicios engañosos sobre la oferta, la demanda o el precio”. Artículo 285: “Se aplicará la pena de prisión de cuatro a seis años” y una “multa del triple” de lo ganado cuando “los sujetos se dediquen de forma habitual a tales prácticas abusivas”, “el beneficio obtenido sea de notoria importancia” o “se cause grave daño a los intereses generales”.
Un suponer, algo utópico: ¿qué pasaría si la Fiscalía se tomases esta ley al pie de la letra y abriese una investigación sobre la escandalosa subida de la prima de riesgo española de estos días? Hay al menos tres indicios para sospechar de un delito “habitual” de “notoria importancia” contra “los intereses generales”.
El segundo: cómo se comporta el mercado opaco de los CDS (seguros contra el impago), que permiten apostar a la baja contra bonos que no se poseen. ¿Es razonable este modelo, en el que se pueden comprar seguros contra deuda que no se posee? ¿No sería inquietante que alguien pudiese asegurar una casa ajena y ganase dinero si se quema?
Curiosa la evolución del discurso de Rajoy. Empezó la campaña diciendo que sólo recortará “el gasto superfluo” y la termina diciendo que sólo las pensiones se salvarán de la tijera. Se ve tan ganador que ya le preocupa más la legitimidad para recortar que no asustar a la izquierda.