Juan Carlos Escudier
Mientras las últimas encuestas reflejan lo que ya avanzábamos aquí a mediados de diciembre, esto es, que PSOE y PP están en un pañuelo electoralmente hablando, los socialistas han recibido una ayuda inesperada de la Providencia o, mejor dicho, del mismísimo cielo. El enfrentamiento con la Iglesia ha sido su mejor regalo de Reyes en esta larga precampaña. Podría decirse rozando la herejía que al PSOE le ha venido Dios a ver.
Lejos de erosionar al Gobierno, el multitudinario acto en defensa de la familia que los obispos celebraron el pasado 30 de diciembre en Madrid y las extravagantes manifestaciones de algunos de estos prelados sobre el presunto retroceso de la democracia en España ha proporcionado al Ejecutivo dos bazas importantes: un motivo para movilizar a su electorado contra la hipotética contrarreforma que el PP pondría en marcha y una oportunidad para alejar a los populares del centro, que es donde se librará la verdadera batalla.
Más en Preferiría no hacerlo
En todo el mundo disminuye el número de vocaciones y sacerdotes y las cifras de nuevos católicos tampoco están mejor. Para el Vaticano, el laicismo y la nueva sociedad no son un problema exclusivamente español. Son un problema mundial.
¿Por qué entonces tanta crispación con nuestro país? La Conferencia Espicopal no ha tenido reparos en advertir, incluso, que nuestro modelo político pone en riesgo la democracia pero ¿y en Francia? La democracia francesa es una de las más laicas del planeta y sin embargo jamás ha despertado tanto enconamiento.
“El problema real es que España es la puerta católica de Latinoamérica”, dicen en el Vaticano; es la puerta para la inmigración y un modelo para su ética. De Latinoamérica vienen las nuevas vocaciones y de ahí llegan oleadas de nuevos practicantes.
¿Entonces? Latinoamérica es una esperanza, sí, pero no está conquistada definitivamente, explican. Los movimientos evangelistas avanzan a pasos agigantados y los gobiernos allí estan usando a España como modelo político. Si el Vaticano baja la guardia aquí, en esos países calarán medidas como el matrimonio homosexual y el laicismo. Por eso en el Vaticano aseguran que España, esa puerta de entrada, ha sido decretada campo de batalla para el catolicismo mundial.
El enfrentamiento con Zapatero no es un asunto de la Conferencia Episcopal española es un asunto de estrategia mundial. No es que España se rompa, es que el mundo se está transformando y las viejas estructuras se defienden.
Ésta es nuestra estimación de la asistencia a la concentración “Por la familia Cristiana” celebrada hoy en Madrid. Como siempre, ponemos un área justificada por una serie de fotografías de control, tomadas a la hora a la que empezó la comunicación en directo con el Vaticano. Dadas las características de la concentración, en la que se dispusieron pantallas a lo largo del recorrido para seguir el evento, se formaron grupos espaciados entre sí para ver la transmisión.
Por tanto, la distribución de los asistentes queda como sigue:
Estas áreas están justificadas mediante estas fotos de control.
Sumando todas las áreas, se obtiene un total de (redondeando decimales) 31.000 + 3.789 + 3.618 + 2.835 + 2.153 = 43.395 m2.
Con distintas densidades, esto quiere decir que:
- Con 2 personas por m2, se obtiene un total de 86.790 manifestantes.
- Con 3 personas por m2, se obtiene un total de 130.185 manifestantes.
- Con 4 personas por m2, se obtiene un total de 173.580 manifestantes.
Teniendo en cuenta la densidad media observada, que se ha incluido gente sentada en las tribunas que había instaladas en el Paseo de Recoletos, el mobiliario urbano, la presencia importante de carritos de bebés y la inclusión de grupos de gente en movimiento, estimamos que la cifra más cercana a la participación real se obtendría entre los 2 y los 3 manifestantes por m2, a la baja.
Para posibles futuras crónicas del evento, no se olviden de visitar nuestro bar.
Más de un millón y medio de personas defienden en Madrid la familia cristiana.
Mientras terminamos con el recuento, unos minutos de vídeo con el título de la exclamación proferida al leer el titular anterior: Bullshit!
Jesús Maraña
El cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco, y su brazo armado en las ondas, Federico Jiménez Losantos, llevan más de un mes lanzando al viento la convocatoria de una concentración Por la familia cristiana que se celebrará mañana al mediodía en la plaza madrileña de Colón, rompeolas de las más rancias Españas. Tantos minutos, horas y días dedicados a difundir razones que sirvan para movilizar a los fieles dan para mucho, especialmente al final de un curso en el que ya venían entrenados en el fascinante ejercicio de calentar la cabeza a los ciudadanos con las más fatídicas predicciones.
Esta Navidad no bastaba con el tradicional ejemplo de un pobre carpintero mosqueado ante el embarazo de su esposa virgen, pero tranquilizado por completo al escuchar la voz del ángel que le explica que no se trata de cuernos, sino del Espíritu Santo que ha depositado la semilla que dará como fruto al mismo Dios hecho hombre. Este año, según Rouco, “la familia sufre fuertes amenazas, tanto en España como en Europa”, y tales riesgos exigen una manifestación de masas en defensa de “un bien inseparable del cumplimiento del plan de Dios sobre ella (la familia) y al que tantos obstáculos y dificultades, de todo orden, pone la sociedad y cultura actuales, rendidas muchas veces a la fascinación tentadora de modelos de vida egocéntricos y materialistas”.
Más en Buzón de Voz
No hay que confundir la homosexualidad como necesidad existencial de una persona, con la que es practicada como vicio. La persona practica como puede practicar el abuso de menores. Lo hace porque le atrae la novedad, una forma de sexualidad distinta.
(…) Pero, ¿por qué el abusador de menores es enfermo?
(…) Puede haber menores que sí lo consientan y, de hecho, los hay. Hay adolescentes de 13 años que son menores y están perfectamente de acuerdo y, además, deseándolo. Incluso si te descuidas te provocan. Esto de la sexualidad es algo más complejo de lo que parece.
Bernardo Álvarez, obispo de Tenerife
Visto en 20 Minutos
Es un pequeño paso para Blázquez, pero un gran paso para la Conferencia Episcopal Española. Su presidente ha pedido perdón por “actuaciones concretas” de la Iglesia durante la Guerra Civil. Ha sido con la boca pequeña y en forma de parábola –que es como la Iglesia Católica revela sus verdades– pero menos es nada. Con Galileo Galilei tardaron cuatro siglos en reconocer el error y esta disculpa llega sólo 32 años, 32 veintes de noviembre, tarde.
A Ricardo Blázquez le puso el apodo Arzalluz. “Un tal Blázquez”, le espetó con desprecio cuando se entero de que la Iglesia había nombrado obispo de Bilbao a un natural de Ávila. El tal Blázquez, sin embargo, se ganó después el respeto del nacionalismo moderado, al tiempo que las críticas del PP y del sector más duro de la Iglesia española, de aquellos que reniegan del cardenal Tarancón. Ayer Ricardo Blázquez, en su histórico discurso, reivindicó su memoria y recordó su papel aperturista. Sentado a su derecha, impasible el ademán, Antonio Cañizares, el obispo (del Alcázar) de Toledo, que dice que “la unidad de España es un bien moral” cuando se le pregunta por el Estatut. A su izquierda (y me refiero a la silla), Rouco Varela. Con esa escolta, el pequeño paso de Blázquez vale el doble.
Como presidente del Gobierno debo hacer un llamamiento a la Conferencia Episcopal para que desde esa emisora de su propiedad se contribuya a la convivencia y a la verdad.
¿Puede ser más preciso?
Está en la mente de todos. La noche electoral me comprometí con los ciudadanos y con las víctimas, y lo reiteré en la comisión, a hacer todo lo que estaba en mi mano para que los responsables del atentado pagaran, los culpables fueran llevados ante la Justicia y para que hubiera un juicio justo y eso se logró con la colaboración de todas las instituciones del Estado. Eso es lo importante; y las insidias, los insultos y las insinuaciones para mí son elementos secundarios, aunque algunas de ellas reflejen la personalidad y la capacidad de algunos y muestren hasta dónde pueden llegar. Las insidias sólo me dan pena hacia los que las producen.
José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno, en la primera entrevista tras la sentencia del 11-M.