Mar 15 2008
Siete claves, siete días después
1- En el PP aún no saben qué es lo que ha fallado, si el doctor, la medicina o la dosis. ¿Toca moderarse o hay que seguir con la crispación otros cuatro años más, hasta el 2012? “Uno de los escenarios más probables para el 9-M es que Rajoy pierda pero suba en votos y recorte un poco la distancia con Zapatero”, me explicaba un politólogo próximo al PSOE días antes de las elecciones. “Aunque parezca un buen resultado para el PP, es, en realidad, una de las peores situaciones para la derecha, pues bloquea cualquier renovación. Rajoy seguirá con la misma medicina y dentro de cuatro años volverá a perder”, auguraba este experto. Y aquel escenario de café, al final, ha sido el bueno. Falta por saber si también se cumple el resto de su pronóstico y el PP, bloqueado en la derrota dulce, sigue con el mismo doctor y la misma medicina. Y sólo cambia la dosis, para aumentarla. Y, dentro de cuatro años, vuelve a perder.
2- ¿Qué Rajoy es el de verdad? ¿El centrista que nos vendieron en 2004, cuando sus hagiógrafos elogiaban su carácter dialogante? ¿La víctima que presentaron después, como una paloma atrapada por los ultras de un partido controlado por Aznar? ¿El halcón que apareció más tarde, cuando pasó por la derecha a su predecesor con los cuatro años de oposición más broncos de la historia de España? ¿O de nuevo el moderado que quiso renacer este 11-M y habla ahora de presentarse al congreso de su partido con su propio equipo, como si el que hubiese tenido hasta ahora no fuese suyo?
3- Rajoy, en el mejor de los casos, tiene un serio problema de credibilidad. En el peor queda como un pusilánime. Otro ejemplo más: cuando el líder del PP, en una entrevista durante la campaña electoral, dice que los cientos de preguntas sobre la teoría de la conspiración del 11-M que su partido llevó al Congreso de los Diputados no fueron cosa suya sino de su portavoz parlamentario. Con esa respuesta, Rajoy asume una situación aún más vergonzosa de lo que ya sería admitir que se equivocó al dar volumen a la manipulación sobre el mayor atentado terrorista de nuestra historia. O bien es un mentiroso que no asume su responsabilidad en este patético episodio bórico, pues culpa a sus subordinados, a Eduardo Zaplana en este caso, de decisiones que él tomó. O bien es un incompetente, incapaz de gobernar su propio partido, su propio grupo parlamentario. A su propio portavoz.
4- Zaplana será diputado raso. No es casual que el anuncio de su salida, media hora antes de su destitución, se produzca con Rajoy de visita a Valencia con Francisco Camps como anfitrión. El PP está en las fallas y Zaplana no será el ninot indultat. Acebes, más querido por su partido y por el propio Rajoy, tendrá un futuro mejor, pero también parece que queda fuera. ¿Basta con que dos cambien para que todo siga igual?
5- Esperanza ha perdido la primera batalla, pero no se rendirá. Y no ha ganado Rajoy, sino Camps. El presidente de Valencia quiere repetir la jugada de Aznar en el 89, y dejar la presidencia autonómica a meses de que toque votar. Mientras tanto, ha usado a Rajoy como tapón, para evitar que Esperanza diese jaque mate en tres días. Otra cosa es que, dentro de tres años, Rajoy se deje mover del sillón.
6- El tsunami bipartidista del que habla Llamazares existe. El epicentro lo tiene justo debajo, pues es tan cierto que la ley electoral es injusta como que siempre ha sido igual. Izquierda Unida ha perdido la mitad de sus votos en 12 años. En dos legislaturas más puede desaparecer. Es una mala noticia. Y lo peor es que IU no depende sólo de su capacidad de renovación (de momento, con Llamazares enrocado en su escaño, tanta como en el PP) sino también de cómo se muevan las dos grandes placas tectónicas de la política española. IU sólo puede subir si el PSOE se hunde, como en la primera mitad de los 90. O si el PSOE se dispara y un PP a distancia deja de dar el miedo que da hoy.
7- Qué ironía: la fuerza política que más influye en el resultado de muchos partidos de izquierda es la derecha, es el PP. Otro ejemplo más es ERC. Fue Aznar el que movilizó el voto necesario para que Esquerra pasase de un diputado en el año 2000 a ocho en el 2004. Ha sido el miedo a Rajoy –ayudado por los propios errores de ERC– el que ha deshinchado el globo al mover gran parte de ese voto al PSC.
Dicen algunos nuevos teóricos del progresismo, ante la crisis mundial de la izquierda desde los años de Thatcher y Reagan, que la mejor manera de definir a la izquierda es como contraposición ante la derecha. Desde el fin de la Guerra Fría y la consagración del pensamiento único en la economía, nadie duda en reconocer a un político de derechas. Pero los políticos de izquierdas se encuentran permanentemente cuestionados por muchos de sus votantes, que recriminan a sus líderes no ser lo bastante rojos.
La derecha permanece sólida y definida mientras que la izquierda se muestra borrosa, difuminada. Ya que la derecha sirve de punto de referencia, definamos la izquierda como lo que no es derecha, dicen estos teóricos. El pasado domingo, muchos votaron así: a la contra y no a favor. ¿Un Rajoy más moderado en las formas habría ganado? Tal vez. Y eso es algo en lo que Zapatero debería reflexionar.


