Gonzalo López Alba viaja con Zapatero. María Jesús Guemes, con Rajoy. Juanma Romero, con Gaspar Llamazares. Los tres periodistas de Público escriben las crónicas del día a día para el papel. El otro lado de la campaña está en sus blogs.
Juan Carlos Escudier
Han dicho Rajoy y Zapatero, en lo que ha sido su único punto de coincidencia en la campaña, que si pierden las elecciones no piensan tomar de las de Villadiego y que, salvo debacle, en el caso del primero, o petición expresa del partido, en palabras del segundo, no habrá quien les apee del burro ni a empujones. Se trata, sin duda, de una refinadísima broma, conocido es el carácter chancero de ambos candidatos y su afición por las cuchufletas. ¿O no?
En el PP el chiste se empezó a contar antes de que se iniciara oficialmente la cuenta atrás hacia el 9 de marzo y de que el propio Rajoy en persona nos matara de risa. Tal y como se explicaba en el círculo de confianza del líder del PP una derrota no tendría por qué implicar su dimisión, sobre todo si se mejoraban los resultados obtenidos en 2004. En definitiva, que si el PP conseguía, pongamos por caso, 147 escaños, uno más de los que tenía hasta ahora, el resultado debía ser considerado un éxito de crítica y público, un avance incontestable y, en consecuencia, ni gatopardo ni leches, nada tendría que cambiar para que todo continuará exactamente igual.
El último argumento de peso miraba directamente al carismático predecesor. ¿Acaso Aznar no había necesitado concurrir a tres elecciones antes de poder cambiar las cortinas de Moncloa? Irrefutable. Y si el mejor presidente que vieron los siglos había necesitado tanto tiempo, ¿iba a exigírsele a Rajoy que batiera un récord?
Más en El Confidenciall
“Nuestra estrategia se centra en sembrar dudas en los votantes socialistas […], sabemos que nunca nos van a votar, pero si logramos crear suficientes dudas sobre la economía, la inmigración y los nacionalismos, quizás se queden en casa. […] Será complicado incrementar nuestros votos. El PP tiene una imagen muy de derechas en este momento. Nuestro propios votantes se consideran más de centro que el PP. […] Pero sus votantes son menos disciplinados que los nuestros. […] Nosotros estamos diciendo a los votantes socialistas que su Gobierno no está aportando soluciones a sus problemas. El resultado electoral depende del impacto de ese mensaje.”
Gabriel Elorriaga, secretario de Comunicación del PP, desvela sus cartas en Financial Times
Gonzalo López Alba
Liberados de toda responsabilidad, los ex presidentes del Gobierno parecen creerse también liberados de la obligación de atenerse no ya al manual de urbanidad, sino incluso al manual del candidato de su partido. Coge el micrófono Felipe González y llama “imbécil” (alelado y escaso de razón) a Rajoy el mismo día en el que Zapatero dice que el PSOE ganará las elecciones porque “nosotros no insultamos”. Resurge Aznar para proclamar que “nadie ha padecido lo que yo he tenido que aguantar en estos últimos cuatro años” y habría que preguntarle a Mariano Rajoy quién de los dos ha padecido más…
El Comité Electoral del PSOE hizo saber ayer que “no justificamos” la expresión utilizada por González, “aunque hay que ponerla en el contexto de cuatro años en los que el PP no ha dejado de insultar”, que es como pedir disculpas con la risa floja. De paso, el PSOE aprovechó para subrayar que “han tenido escondido a Aznar hasta ayer”, al contrario de lo que han hecho los socialistas con Felipe González, al que Zapatero ha encomendado el papel de Alfonso Guerra y con el que volverá a compartir escenario el día 6 en Barcelona.
Se confirma que las fotocopias siempre son peores que los originales. Donde estén Alfonso Guerra o Francisco Álvarez-Cascos interpretando el papel de malos que se quiten Felipe González y José María Aznar.
Gonzalo es el cronista político que sigue para Público la campaña de Zapatero. Más en su blog.
La paciencia de los votantes no es infinita. Tampoco lo es su atención. Tras el tremendo interés que generó el primer debate, y mientras esperamos el partido de vuelta, en medio apenas ha quedado nada. La campaña, entre estos dos picos, ha entrado en un valle de aburrimiento donde ninguno de los dos candidatos marca el paso. A diferencia de lo que sucedía hace unas semanas, con sus propuestas populistas sobre inmigración, ahora Rajoy no está logrando imponer su agenda ni cambiar la tendencia electoral. Zapatero, por su parte, asegura estar tranquilo.
A la espera del superlunes
En el segundo debate del siglo, Zapatero juega con ventaja. Ahora le toca a él abrir los turnos de palabra, lo que le permitirá hablar más de propuestas y meterse menos en los puñetazos. Pese a que algunos le reprochan no haber sido más duro ante Rajoy cuando le acusó de haber agredido a las víctimas, el PSOE maneja encuestas que dicen que ése fue el peor error de su rival. Desde el PP, mientras tanto, también planean un debate menos crispado. A su candidato le toca parecer un hombre de estado.
Pero también del supermartes
Tras el debate llegará el supermartes, el del paro. Ese día se conocerán los datos de empleo de febrero. Es probable que no sean buenos y eso fue, hace un mes, lo que permitió a Rajoy recuperar terreno en las encuestas. Zapatero después volvió a coger algo de ventaja, cuando parte de la izquierda se movilizó a la contra al ver tan apretadas las encuestas. El martes, si el dato del paro es malo, puede que se repita el mismo efecto. Sólo hay una gran diferencia: a partir del lunes, ya no se pueden publicar más encuestas.
“Desde hace mucho tiempo me siento libre, así que, como Pedro Jeta me parece poco moral, lo digo, y como Jiménez Losdemonios me parece que no reconcilia a los españoles, también lo digo”
Felipe González llama “imbécil” a Rajoy por decir que es más moderado que Zapatero.