Feb 16 2010
La deriva de Leguina
Dos veteranos socialistas se encuentran en una escalera, en una boca del metro de Madrid. Uno sube, el otro baja. Aunque lo más exacto sería decir que uno entra, el otro sale, y no sólo del suburbano. Uno de ellos es Joaquín Leguina. El otro, un ex alto cargo socialista de los tiempos de Felipe que hoy sigue ligado al Gobierno de Zapatero, aunque en un puesto de menos relevancia que el que tuvo en su día. Charlan un rato, de pie en la escalera. “¿Nos tomamos un café?”, pregunta Leguina. “¡En qué hora le dije que sí!”, contaría después su interlocutor.
“Y qué, ¿cómo te va?”, pregunta Leguina, ya en el café. Y su interlocutor le cuenta que bien, que entretenido, que ayudando en lo que puede. “¡Qué suerte tienen algunos!”, se queja el ex presidente de la Comunidad de Madrid, y la conversación pronto deja de ser amable para convertirse en una larga lista de agravios de Leguina. “¡Este niñato!”, dice de Zapatero, “¡Que no se deja aconsejar ni aprovecha lo bueno que tiene el partido!”. Su compañero de café, según cuenta un tercero que supo de aquella de charla, opta por templar la discusión: “Hombre, Joaquín, que ahora les toca a ellos”. “¡Tonterías!”, responde Leguina: “Los buenos éramos nosotros, éstos no tienen ni idea, ¡ni idea!”.


