Dic 23 2009
Don Gerardo el liberal
Palabrita de don Gerardo Díaz Ferrán, primer piloto de la aerolínea de cuerpo presente: “Yo tampoco habría elegido Air Comet para volar”. A buenas horas avisa. El presidente de la CEOE culpa de su aterrizaje forzoso a los sindicatos, al juez, al Gobierno, al empedrado… Aún vive en ese “paréntesis” del libre mercado que pidió hace meses; ese paraíso empresarial donde los beneficios son privados, pero las pérdidas son públicas y se pagan a escote. Las de Air Comet, de momento, nos van a costar 6,3 millones de euros en vuelos que adelanta Fomento para esos pasajeros que se han quedado en tierra gracias a la buena gestión del líder de la patronal.
Es la guinda de una larga carrera. Don Gerardo el liberal comenzó su fortuna con las privatizaciones de autobuses que decidía Arias Navarro, el primo de la madre de su socio, que entonces era alcalde de Madrid. Pronto cambió de camisa. Tras el franquismo, el felipismo le vendió Marsans con una rebaja de lo más liberal. Más tarde el aznarismo le entregó Aerolíneas Argentinas por el increíble precio de 1 euro, una adjudicación que aún está en los tribunales.

A falta de romanos, de Cruzadas, de Edad Media, de Renacimiento y de Ilustración europea, cuando los escritores estadounidenses buscan un marco histórico, capaz de dar profundidad y contraste casi a cualquier tipo de relato, eligen el Antebellum sudista. Del latín, «antes de la guerra»: los años que van desde la independencia estadounidense hasta el inicio de la guerra de Secesión, en 1861. Es la era de la máquina de vapor, que transforma un continente salvaje al tiempo que crece la distancia económica e ideológica entre dos formas de ver el mundo: el Norte abolicionista, que vive del comercio y las fábricas; el Sur esclavista, que vive de la mano de obra negra y del blanco algodón. El destino del Antebellum y su inevitable desenlace fue como el de una falla sísmica: dos enormes placas tectónicas que chocan bajo la superficie, acumulando grandes cantidades de energía de forma silenciosa, hasta que un día esa fuerza se libera y provoca el terremoto: la guerra civil.