Ene 18

Un whisky en memoria de Bobby

Tag: PúblicoIgnacio Escolar @ 7:39 pm |

Rafael Reig

Bobby Fischer estaba como una cabra, pero era el mejor jugador de ajedrez vivo. Confirma la idea de Unamuno que, cuando le preguntaban si el ajedrez desarrollaba la inteligencia, decía que sí, sin duda: pero sólo desarrolla la inteligencia para jugar al ajedrez. En todo lo demás, Bobby era un mentecato colosal. Sus partidas, en cambio, son imperecederas.

Fue una víctima de la Guerra Fría, un poco como Marisol o Joselito fueron víctimas del franquismo: Estados Unidos le utilizó como ariete de propaganda contra la Unión Soviética y, cuando Bobby creció y empezó a decir y hacer impertinencias y extravagancias, no tuvo ninguna piedad y decidió aplastarle como a una cucaracha. Ahora le dedicarán páginas y páginas, pero la verdad es que le persiguieron sin compasión. Lo destrozaron.

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58 comentarios en “Un whisky en memoria de Bobby”

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  1. #51 Jako dice:
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  2. #52 ostap dice:

    En cambio, a mí lo que más me gustaba era su ajedrez.

  3. #53 ostap dice:

    #49 Como Alekhine y Keres, por ejemplo.

    Cuando empezamos a quemar sus libros?

  4. #54 andaquesi dice:
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  5. #55 andaqueno dice:

    Es una cosa que se hace delante de un libro y un tablero. No, no es un cojón, eso es otra cosa.
    De nada, cari, yo también te quiero.

  6. #56 damachess dice:

    http://www.chessbase.de/partien/2006/century/century.htm
    Señores, ésta es la mejor partida de Bobby… el p.a

  7. #57 Duran dice:

    No sacáis suficiente en el panfleto partidil para registrar el Hypercam?.

  8. #58 Ismael Valladolid Torres dice:

    #56 Qué magnífica elección…

    Hasta esa partida, Byrne era considerado el mejor ajedrecista norteamericano. Fischer le destroza con negras y jugando la Grunfeld –favorita también de Kasparov, éste mucho más probable “mejor ajedrecista de la historia”–. Lo fascinante de esa partida es que es imposible saber qué está pasando exactamente, de tan complicadas que son las variantes. Es una partida de Fischer a la altura del mejor Tahl –el único ajedrecista del siglo pasado a quien consiento que se aplique el adjetivo “mágico”–.

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